La filosofía es madre o rectora de todas las ciencias. Se conoce tradicionalmente por estudiar las causas supremas de todas las cosas, los fundamentos últimos de la realidad entera.
Aristóteles la ve como “El milagro de los griegos” que nace desde en las entrañas y las necesidades de las sociedades, de esa realidad palpable, haciéndose acompañar de la política. Este añadiría que “la filosofía es un saber libre”, permitiendo a la humanidad que pasará del mito a logo.
Popper dijo un día que “todos somos filósofos”, es por eso que la vida sin filosofar no tendría sentido. Filosofamos desde el momento en que somos niños hasta que partimos. Somos parte de ese mundo que nos inquieta, que nos impulsa a ir detrás de lo desconocido, aun cuando en la mayoría de veces resulte perturbador y turbulento.
Para Sócrates es “la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta” su función normativa, regula la conducta de unos con otros, apegándose a principios éticos que sirven como motor para armonizan la vida sociales en las comunidades o culturas, aquellas que nos acerca a ser mejores personas en la convivencia de los demás.
Por su parte, Savater lo describe como el “esfuerzo por contestar esas preguntas y por seguir preguntando después, a partir de las respuestas que has recibido o que has encontrado tú mismo”. Es esa correlación de los hechos que hace necesario rebuscar y deshacer lo que los hechos dan por concluyente, para encontrar una conclusión apegada siempre a la verdad como principio universal.
Mientras que para Emmanuel Kant, la filosofía “consiste en eliminar la ilusión producida por un malentendido aunque ello suponga la pérdida de preciados y queridos errores; sean cuantos sean”, se entiende que debemos romper esas concepciones preconcebidas, y esa rotura implica muchas veces la construcción y destrucción de nuevos conceptos, la cual conlleva a la desilusión de aquellas ideas que se tenían como verdades absolutas.
Ese pensamiento que se mantiene inquietante y que actúa con autonomía, invitando al pensamiento a producir nuevos debates filosóficos; Martin Heidegger nos diría que la filosofía “implica una movilidad libre en el pensamiento, es un acto creador que disuelve las ideas”.
Gutiérrez Sáenz, sostiene que “es un saber plenamente humano, en el sentido de que penetra justamente en los temas y cuestiones que afectan íntimamente la vida personal de cada hombre” y también la de su colectivo.
Russell filósofo inglés dice: “las circunstancias de las vidas humanas influyen mucho en su filosofía, y viceversa, la filosofía lo determina las circunstancias” esto implica conocer los contextos sociales a lo largo de la historia, para comprender qué sucedió y porqué sucedió los hechos a través de tiempo, pero también saber cuáles implicaciones conllevarían repetir la historia para hombre.
Para eso, Ortega y Gasset sugiere que se debe “tomar la actividad misma de filosófica, el filosofar mismo y someterlo radicalmente a un análisis”, trabajar para hacer de ella una radiografía a profundidad de todo el acometerse humano.
Y esa radiografía, Erasmo de Rotterdam nos exhorta a verla como “una meditación sobre la muerte, porque la reflexión aleja el alma de las cosas materiales” esa que nos acerca a lo humano, a lo frágil que puede ser la vida, cuando hacemos de ella un sin sentido, que van sin rumbo, sin un norte, sin metas y sin reflexionar lo que implica la verdadera libertad.
La filosofía es la exaltación constante que invita al pensamiento a no ser un holgazán. Un pensamiento que se construye en las bases de su misma esencia, la razón. Aquella que está atada y guiada a la búsqueda constante e incesante de la verdad.
Una filosofía que no admite adulación, pero que poco obedece a dogmas o ideas políticas. Esa que se aferra siempre a la razón; aunque muchas veces esto implique despertar emociones que terminan alterando el pensamiento de otros cuando de diferencias se trata.
Su misión y visión serán siempre ser auténtica, multiplicadora, autónoma, transformadora, inquietante, despertadora y libre.
La filosofía no es vivir por vivir, mucho menos existir por existir, es empezar vivir para existir, y viceversa, haciendo de la existencia un mundo mucho más viable, sustentable y sostenible para todos.










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