La cuestión del SER para los existencialistas no es una simple morada en la que esté habita. El asunto resulta más complejo de lo que parece ser. Porque es allí donde el hombre logra sentirse realizado. Cuando es capaz de sortear toda perturbación y calamidad que desgastan la posibilidad de sucumbir en la existencia.
Un mayor significado de trascendencia en todo cuanto acontece en el SER, y en la que tendrá que retomar el verdadero sentido de la vida para que merezca la pena vivirla.
Desde un Dios como misterio que emana todo sentido de existencia en el SER. Hasta un SER que puede definir y encontrar el sentido de la existencia cuando éste adquiere un mayor nivel de conciencia de lo que es libertad.
Un fenómeno es lo que constituye el SER para Edmund Husserl. Un fenómeno que es capaz de reconstruir o dar forma a la realidad basada en las experiencias; las cuales resultan ser las limitantes que imposibilitan la construcción de una verdad objetiva.
Husserl entiende que el SER como fenómeno abriga en su conciencia recuerdos e ideas del pasado que lo hace aferrarse, y en la que transcurrir la vida como si fuera el presente; Husserl le llamó retención.
La retención no es más que una cadena o continuidad de eventos capaces de crear un presente como existencia última de esa realidad.
Esa continuidad de eventos ejecutados por el SER viene dada por una intencionalidad. Y en esa intencionalidad “toda conciencia es conciencia de algo”, aunque pueda estar errado en esa aprehensión de la realidad o los hechos.
El maestro de Heidegger propone salir del estado epojé, para que pueda haber una nueva reconfiguración racional, pero en qué radica el estado de epojé?.
El epojé es una actitud neutra que asume el SER ante las retenciones albergadas por el mundo circundante, es decir; se asume una postura donde la conciencia separa o suspende temporalmente los prejuicios, las vivencias o las experiencias espirituales que se conservan en la conciencia. El ser asume una postura neutral que lo capacita para captar y comprender la esencia del mundo circundante.
Por otra parte, el filósofo Marcel analiza la verdadera situación del ser humano desde la realidad misma, en la que cada experiencia en el sujeto lo conduce a involucrarse con otros entes.
El sujeto como vivencia, acto y momento que lo mantiene unido permanente con esa comunidad global, ya sea por la idea de dominio o de espíritu solidario. Porque está en la naturaleza del sujeto es idea obstinada de tener y poseer, ante esa dinámica activa que lo lleva a someter a todo cuanto pueda ser capaz.
Un dominio que lo hace despertar lo más cruel y despiadado que lleva dentro, cuando lo ideado o poseído por él se le intenta arrebatar o controlar.
Marcel como lector de Sócrates profesó sus ideas, por lo que nos aconseja dejar a un lado los prejuicios e ideas basadas en apreciaciones un tanto individualistas, aquellas que son maquilladas a la conveniencia personal, esas que no corresponden con la verdad. Porque solo así, el hombre lograra alcanzar una aproximación de la realidad de la existencia. Cuando es capaz de apartar las ambiciones personales, y nos acercamos más hacia un espíritu religioso o humano.
Como cristiano existencialista, nos recomienda que acudamos al estado de la reflexión, en el que la conciencia (acto único del ser humano) da apertura al entendimiento de otros entes. Un entendimiento que nos hace encarnar al hombre de carne y hueso, que se involucra en lo social. Y en ese punto, el yo y el otro queda resuelto a un nosotros, donde todo cobra el sentido de la existencia.
En cuanto al SER, Marcel entiende que es un misterio. Un misterio donde el SER es algo divino, indescifrable e inmaterial. Un estado de superioridad de lo que está hecha la materia prima del hombre. Aquella que sale de toda comprensión humana, porque el sujeto está encriptado.
Un valor agregado a sus ideas fue la visión cristiana, un Dios como misterio el cual no debe ser tratado, pero mucho menos demostrarlo, descifrado o explicado. Un don que trasciende a lo virtuoso, elevándose a lo divino e inmaterial.
El SER con los filósofos pesimistas del existencialismo experimenta una transformación, en donde la conciencia y existencia constituyen el éxtasis de plenitud que representará el sentido de la vida en el hombre. Tal vez, lograrán arrojar alguna luz para descifrar el enigma del SER!.










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