Martin Heidegger plantea que el SER no se debe buscar fuera de este mundo, sino que “nosotros mismos somos los entes que debemos ser analizados”.
Estando nuestra existencia sumergida ante una temporalidad, de la cual no podemos escapar porque ocupamos un tiempo y un espacio.
Predeterminado por aspectos históricos y espirituales, el sujeto deberá saber que “estar ahí” representa todo un reto para lograr “SER ahí”. En un diario vivir que le da posibilidad de poder “SER” o simplemente no lo “deja SER” en este mundo.
¿Cómo puede el SER darle sentido a su existencia en este mundo?
El mago de Messkirch plantea que el SER debe tener presente el rol que juega el tiempo en su vida, para saber qué hacer con ella. Para eso deberá acudir primero al estado de “Dasein”.
El estado de “Dasein” es ese sujeto que cada vez se hace más consciente, qué es la vida y qué es la muerte. Ha logrado comprender que su existencia tiene fecha de caducidad, su vida es finita; por tanto deberá planificar su proyecto de vida.
¿Y por qué debe el sujeto hacerse cada vez más conscientes?
Heidegger sostiene que en la medida que somos más conscientes de que “la muerte es el límite de nuestras posibilidades”; el SER como fenómeno es capaz de experimentar ciertas experiencias que hacen que su vida cobren sentido. Y esas experiencias le ayudarán a concluir cada proyecto que este haya pensado; para volver a montarse en el tren de nuevas experiencias.
Y dentro de esa realización, el SER debe procurar ser mejor persona, vivir en armonía con el mundo que habita. Y en ese punto, Martin sostiene que se tiene la oportunidad de poder “SER en el mundo”.
Las influencias de Kierkegaard en Heidegger le ayudaron a comprender que el sujeto está sumergido ante múltiples contradicciones que inhiben al SER para poder llevar a cabo su proyecto de vida.
Ante esas contradicciones, el ser humano siente temor, miedo y angustia. El terror de saber que la muerte es intransferible a otro, hace que se active ese sentimiento de miedo. Ese que lo perturba y que lo hace pensar que se encontrara cara a cara con la muerte; Heidegger nos recuerda que “nadie puede morir por el otro” esta es nuestra triste realidad.
Y es justamente aquí, en donde el SER debe hacerse más consciente de que la muerte destruye toda posibilidad para llegar a ser. La posibilidad de realizar cada proyecto idealizado desaparece, las cosas dejan de ser, todo termina, todo se disuelve, todo se desvanecen, todo se vuelve un abismo, todo pierde sentido, todo se convierte en la nada y todo retorna a la nada.
La muerte rompe el hilo que nos hace creer que existimos para siempre, por eso para Heidegger “morir no es acontecimiento” es la pura realidad.
De frente a esa realidad, el sujeto para “llegar a SER” debe primero alcanzar la libertad.
Y en ese punto, Jean- Paul Sartre parte de que el hombre es “para sí” porque la existencia dependerá del significado que él le da “para él mismo”. Porque, mientras las “cosas son en sí” el hombre es “para sí” porque toda existencia se relaciona con él mismo, dándole un significado de propiedad.
Sartre como pesimista e influenciado por Husserl como Heidegger, ve que toda actividad que ejecuta el ser humano está condenada al fracaso. Todo proyecto de vida ante ese diario vivir es absurdo e inútil; todo al final no sirve para nada, el hombre es temporalidad en este mundo, lo que es ahora, mañana deja de ser.
Y en ese punto, lo que se es hoy, mañana no lo es; el filósofo de la libertad entiende que “el infierno son los demás”, siendo los otros “el límite de nuestra libertad”.
Para los otros, solo somos objetos y adjetivos. Los otros destruyen todo cuanto aspiramos o anhelamos. Su mirada está puesta en nosotros para juzgarnos y condenarnos. El otro se impone y al final logra alienar, quebrantar y desmoralizar, haciendo al SER más frágil y vulnerable.
Sartre aconseja que lo que piensa el otro del SER, debe estar por debajo de todos aquellos que lo miran y lo condenan. Porque cuando el hombre se hace cada vez más consciente “se es para sí”, logra superar lo que piensan los otros de él. Los otros! Que te vean como ellos quieran, fin a los límites que imposibilita su libertad.
Los filósofos existencialistas coinciden en que a medida que el sujeto adquiere un mayor nivel de conciencia y responsabilidad de lo que implica la libertad, su existencia estará constantemente tomando decisiones. En esas tomas de decisiones que solo lo da la libertad, no solamente serán pensadas en lo que es “correcto para mí” o los míos, sino lo que deberá ser bueno para el destino de toda la humanidad.










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