Vivimos en el mundo de la prisa. Habitamos en un lugar donde es fácil encontrar personas desesperadas y angustiadas, porque al parecer, el tiempo no les alcanza para nada. Por eso es común escuchar expresiones, tales como: “hablamos después, que no tengo tiempo”, “se me hace tarde para llegar al trabajo, luego te llamo”, “ya no continúes, que se terminó el tiempo”. En fin, la gente vive con el acelerador puesto, estresados porque siente que no pueden realizar todo lo que quisieran.
Claro está, no vamos a negar que la sociedad de hoy no tenía la misma estructura que hace 30 años, donde no existía tanta demanda en el trabajo, en el estudio, en la convivencia y en otras realidades cotidianas, pues el desarrollo estaba concentrado a un ritmo diferente. Razón por la que, al no tener grandes opciones en la sociedad, se observaba el tiempo pasar lento y en ocasiones aburrido, diferente ahora que, a mayor acciones y compromisos, menos “cantidad” de tiempo sentimos tener.
Pero si la gente no tiene tiempo en la actualidad, como solemos escuchar constantemente, es bueno preguntarse sin ánimo de ser irónico ni mucho menos pretender ser ignorante, ¿de qué manera logran sobrevivir?, ¿qué hacen cuando no pueden hacer todo lo que desean?, ¿o no será que hoy se quiere hacer de todo y a la vez ignorar por completo el tiempo?
Dice la expresión popular: “Después que se inventaron las excusas, todo el mundo queda bien”. Hemos dicho en alta voz que no tenemos tiempo, cuando en realidad lo que sucede es que no lo estamos aprovechando. Es como si no nos importara que se perdiera, porque siempre creemos que al día siguiente tendremos más para desperdiciar, olvidándonos que este jamás se recupera.
Hay tiempo, seamos realidad, lo que no tenemos es voluntad, decisión y conciencia de lo que realmente debemos de hacer con el nuestro y con el que les toca a los demás. A lo mejor nos asusta o nos sentimos incómodos cuando caemos en la cuenta que debemos economizarlo, ser disciplinados para utilizarlo correctamente, y decidimos hace todo lo contrario, porque no queremos manejar nuestras emociones y sentimientos, pues es mejor vivir sin control, sin prudencia, y pretender llevarnos el mundo por delante como si no hubiera mañana.
En definitiva, todavía seguimos teniendo las mismas 24 horas de siempre, los siete días de la semana y doce meses en el año, y pese a todo esto, las personas siguen repitiendo el mismo estribillo: “no tengo tiempo”. Hay tiempo y también tenemos reloj. Solo debemos hacer un pequeño ajuste a la vida acelerada que llevamos y colocar cada cosa en su sitio, ya que haciéndolo de este modo, podremos ahorrar tiempo y al hacerlo, ganaremos vida, salud y dinero. Así que, a modo de reflexión, te dejo esta pregunta: ¿qué harás con tu tiempo?, ¿seguirá derramándolo sin medida o harás la diferencia, utilizándolo a tu favor y no en contra?
P. Luis Alberto De León Alcántara











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