Son ya más de 8 meses desde mi salida. No creo exista el mal puro al 100%, el bien tampoco. En el fondo soy resiliente por naturaleza, quiero resaltar lo mejor, dejar a un lado el terror y el drama asociado, mas no es tan simple.
Al llegar a ese país, extranjero al fin y sin conocer a nadie, me buscó en el aeropuerto quien sería mi jefe. Gran tipo de nombre Jacques. De profesión Ing. Químico. Graduado de la UNPHU. Vivió muchos años y trabajó en varias empresas de plástico en Santo Domingo. Un día, luego de una jornada amplia de desempleo, decide volver a su país. Aquí diríamos que es indio claro, cabello todo canoso. Con características más dominicanas que las que conocemos del haitiano. Extraordinariamente inteligente. Me acompañó por casi un mes en todo. A pesar de tener vehículo asignado en mi caso, todas las mañanas, por casi 1 mes, pasaba a buscarme para guiarme tanto ida como la vuelta. Me enseñó mucho, pero lo que más recuerdo de él, es su gran disposición a ayudarme en cualquier cosa que necesitara, así no fuese de trabajo. A él, que me gusta la gastronomía, le debo mis mejores experiencias. Todavía hoy en día, aunque no sea tan frecuente, por lo menos un meme compartimos y nos dedicamos 2 minutos de conversación. Un atentado tuvo una vez, balaceras y una munición que rozó su cabeza lo dejó en la inconciencia. Aun así, mantiene la posición de que quiere seguir echando el pleito desde adentro. Tiene la oportunidad, sin embargo, no se va.
En paralelo, está o estaba Jean Gardy. Este, por el contrario, en la forma como lo describiré, tenía 2 características muy particulares. No hay manera que, si lo escuchas hablando, sin mirarlo digas, este es capitaleño. Por el contrario, si lo ves antes de que hable dirás: este no entiende ni “pio” de español. Resulta que habla el español, mejor que muchos de nosotros, pero con todas las características de nuestros ancestros africanos.
Nuestra amistad tardó en surgir aun siendo gerente de ventas y yo de producción para la planta que trabajaba en puerto príncipe. Siempre cuadrábamos el junte y por alguna extraña razón, algo ocurría que no lo permitía. Pasado el tiempo, un amigo, que le hice el relato, me explicó, Robert: la naturaleza se impone, dijo. Sí, estábamos destinados a que fuésemos buenos amigos. Una cosa llevó a la otra. De repente, ya conocía sus compañeros y amigos de infancia, me invitaban y contactaban aún él no estando presente. Conocí el interior de ese país en su compañía. Gran parte de los relatos que he realizado previamente sobre Haití, son gracias a las vivencias que obtuve en nuestras andanzas.
Hoy en día, a pesar de que no me encuentro laborando en Puerto Príncipe, no hay un feriado haitiano, que venga a República Dominicana, que no me avise. Olvidé mencionar que tiene una esposa dominicana de este lado. Esa es la razón por la que una vez vine por tierra y no por avión. Me trajo en uno de sus viajes. Siempre me llama, si estoy en San Francisco llega, aunque sea para una cerveza. Mejor si estoy en la capital.
Una vez escribí de un intento de secuestro que tuvo. Próximo al tiempo donde ocurrió lo de los famosos 17 misioneros más un chofer haitiano que las noticias no quisieron mencionar. Vive por esa particular zona donde la banda de los 400 Mawozo tienen el control. Pudo escapar con 2 tiros en el abdomen. Un año después, permanecen esquirlas en su cuerpo y consecuencia de eso, me negó el trago que le brindé la última vez que nos vimos hace muy poquito. Permanecen las secuelas.
Apenas pocos días, he recibido una llamada difícil de digerir. Nuestro amigo, salió como cada lunes a su trabajo. Nunca llegó. Pero tampoco queda claro, rehaciendo el trayecto, qué pudo haber pasado.
Sí, quienes me conocen bien, lo primero que pasara por sus cabezas es: que bueno saliste de ahí. En mi caso, me limitaré a decir, pasan los días, meses, años… en el exterior, pero Haití está frizado en el tiempo.
Mis excompañeros dominicanos que siguen laborando allá desde que me fui. Desconocemos cuál será el desenlace o si habrá, de la muerte del presidente. Unas elecciones que deben llegar, pero no ocurre. La vista gorda de la comunidad internacional que no hará nada. Un discurso de miedo hacia lo interno con fines meramente políticos, dizque una verja que los detendrá. Mientras tanto, aprovecho el desahogo con altas esperanzas en que luego podré escribir un final cómico más que trágico.
En lo que se investiga el caso, sigo abriendo su contacto diariamente en mi teléfono y con gran pesar mirar que su última conexión fue a las 8:15am y no de hoy.










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