Conocí a Doña Dedé personalmente ya adulto, estaba casado con Martina, mi primer hijo Amhed ya había nacido y le había comentado a mi padre que deseaba sacar un Seguro de Vida que le pudiera asegurar a mi hijo sus estudios en caso de yo faltar.
Un par de días después, mi padre me llama a su Laboratorio en el Centro Médico Dr. Ovalle y me dice que desea presentarme a alguien muy querido para él; me presenta a Doña Dedé, no lo podía creer, estaba frente a una persona muy admirada, una leyenda quizás, la única sobreviviente de Las Hermanas Mirabal. La verdad que quedé más que impresionado, no sólo por ser Doña Dedé quien era y lo que representaba para La República Dominicana y el mundo, sino por su personalidad, su belleza, su trato afable y cariñoso, su glamur.
Con Doña Dedé saqué mi primer Seguro de vida y con los años no dejé de maravillarme de esta mujer que trabajaba sin descanso en el negocio de los Seguros, convirtiéndose en un ejemplo para nosotros del amor al trabajo, cuántas cosas que admirar en un solo ser humano.
Siempre que nos reuníamos me recordaba que quería mucho a mi padre, que fue el médico de la familia con sus hijos pequeños y que siempre le agradecía sus atenciones. Mis padres lo mismo, siempre nos hablaron de la calidad de esta mujer luchadora que logró sacar adelante a su familia y a sus sobrinos con un trabajo arduo y decidido, con la frente en alto, sin desmayar y sin ni por un ápice olvidar los ideales por los que su familia había luchado, sido vilmente asesinada por el sátrapa.
Descanse en Paz Doña Dedé, su recuerdo permanecerá por siempre en nuestros corazones y servirá como ejemplo para las nuevas generaciones.











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