Muchos hemos escuchado hablar de la gran obra evangelizadora de la Madre Teresa de Calcuta y cómo ayudó una cantidad enorme de necesitados que carecían de lo básico para vivir. De igual manera leímos sobre los milagros atribuidos a san Pío de Pietrelcina, entre otros santos más que, a lo largo de la historia de la humanidad, encontraron el favor de Dios. Es decir, pudieron caminar en santidad porque contaban con la fuerza y la guía del Creador.
Sin embargo, hay que dejar claro que nada ocurre al azar, que el sacrificio, la lucha constante y la disciplina están presentes en la vida y en las obras de los hombres y mujeres que se afanaron constantemente en encontrar la protección de Dios. En otras palabras, que su misión estuvo precedida por la oración, por un encuentro personal con Jesucristo. Que antes de llevar el mensaje, previo a la evangelización, primero hubo comunicación y amistad con Jesús, porque debemos estar conscientes que la oración es la que sostiene la vocación y la misión de la Iglesia y, además, que en el camino de la fe, lo importante no es el activismo sino la contemplación.
Es interesante saber que sin oración no hay misión. Pues, así como observamos que el celular necesita de un cargador para mantener su energía, asimismo los cristianos que quieren llevar el mensaje de la Buena Nueva a toda la creación, deben comprender que ante todo hay que llenarse de Dios, sacar tiempo para visitar el Santísimo y dedicar espacio para el rezo del santo Rosario, ya que nadie puede dar lo que no tiene. De aquí que, seguir a Jesús no es una emoción, ni un romanticismo. Todo lo contrario, para ser discípulo de Cristo, hay que aprender a orar y a crear una relación estrecha con el Maestro.
Cuando miramos un árbol grande, fuerte y bien plantado, es necesario fijarse en sus raíces. Hay que asegurarse si son raíces cortas o largas y profundas, puesto que, de acuerdo como sean ellas, podremos definir con seguridad si realmente florecerá una planta sólida o simplemente caerá cuando venga cualquier simple viento, porque es justamente al caer las lluvias, tornados y otros estados atmosféricos donde veremos consistencia y la firmeza de su tronco, para lograr mantenerse en pie.
Lo mismo pasa en la vida espiritual, para hablar de Dios primero hay que tener a Dios, lograr hacerse amigo de Jesús. Porque los Apóstoles duraron tres años con el Maestro y luego salieron a predicar con la fuerza del Espíritu Santo. Significa entonces, que el trabajo apostólico tiene su fundamento en la oración. Incluso, en los evangelios a Jesús se le encuentra constantemente orando a su Padre. Y si eso es el Hijo de Dios que tenía que estar asiduamente conectado y en comunicación con su Creador para poder extender el Reino, igualmente debe pasar con todo creyente que quiere llevar la Palabra a todos los pueblos. Será necesario la oración constante para que la misión obtenga sus frutos.
P. Luis Alberto De León Alcántara











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