El tercer jueves de cada noviembre se celebra el Día Mundial de la Filosofía. El motivo por el cual se conmemora es para fomentar el desarrollo hacia un pensamiento más crítico, en pro de transformar los pueblos y sus individuos hacia un mundo mejor para todos.
Para nadie es de extrañar que históricamente a la filosofía se le ha vinculado como un saber exclusivo, y no es de dudar ya que ella era estudiada por nobles y el poder eclesiásticos, además de grandes eruditas. Pero la filosofía traspasa más allá de estos límites, porque surge de esa necesidad humana innata ante un montón de preguntas existenciales, la cual busca incansablemente el conocimiento, la verdad y la felicidad.
Y es que, en ese desorden en el que las preguntas entran en conflictos con el mismo pensamiento; Judith Butler lo ve como algo normal porque “la filosofía comienza con la desorientación en relación al mundo existente”.
Jorge Luis Borges corrobora con Butler, ya que “la duda es uno de los nombres de la inteligencia”; siendo por su naturaleza el llamado para llegar a la verdad en cuestión. Ludwig Wittgenstein señala que “La filosofía parte de una enorme confusión del lenguaje”. Hegel por su parte nos diría que “es su propio tiempo elevado al nivel de pensamiento”. Mientras que Gutiérrez Sáenz apunta que “la filosofía se basa en una actitud innata del hombre, en un tendencia que pertenece a su naturaleza, y por la cual se lanza a la búsqueda de soluciones a los problemas que lo afectan. Esa tendencia hacia la verdad, ese ímpetu que conquista lo desconocido, la búsqueda de un más allá que da sentido a la vida”.
La filosofía busca que el individuo sea “amante de la verdad”, como le dijera Pitágoras a Cicerón, porque solo hacia esa búsqueda constante y sin descanso logramos llegar a la verdad, ayudándonos hacer más sabio.
La sabiduría que logra alcanzar el filósofo impide que se vanaglorie, porque es un saber dónde su misión radica en el plano humanística, como tal es hacer el bien, lo correcto y lo bueno. John Burnet asume que la filosofía es “la más grande purificación es, por lo tanto, la ciencia desinteresada, y el hombre que se dedica a ella, el verdadero filósofo, se libra más eficazmente de la rueda del nacimiento”.
Por eso, la felicidad se alcanza cuando se es capaz “destruir el prejuicio de que la filosofía es algo muy difícil por el hecho de ser una actividad intelectual propia de los filósofos profesionales o sistemáticos. Hace falta demostrar que todos los hombres son filósofos”, a juicio del filósofo italiano Antonio Gramsci, la cual se puede llegar a matar la idea que tenemos de algo porque toca esa parte inmanente en nosotros, esa que nos hace existir.
Epicuro asume a la filosofía como saber práctico porque “es una actividad que con discursos y razonamientos procura la vida feliz” y hacia esa dirección es que los seres humanos deben proyectar la existencia. Agrega más que “nadie por ser joven dude de filosofar ni por ser viejos de filosofar se hastío. Pues nadie es joven o viejo para la salud del alma” porque todo podemos filosofar. Mientras que Mary Madgley conceptualiza “la filosofía, como hablar en prosa, es algo que tenemos que hacer toda nuestra vida, bien o mal, lo notemos o no”.
La filosofía nos conecta con el quehacer humano, porque al conectarnos con la vida, la existencia, lo trascendental, lo frágil, lo maravilloso, lo bueno, lo noble, la verdad y con el saber, no acerca a esa capacidad única, en donde el entendimiento y comprensión permite alcanzar mundos posibles de lo intangible hasta lo tangible.
Y aunque no lo crea, desde lo consciente e inconsciente todos somos filósofos, porque partimos siempre de la premisa: ¿por qué?, esa que nos motiva hacia la búsqueda de grandes sueños en la que materializarlos logramos alcanzarlos.
¡Y para ti! ¿Qué es la filosofía?










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