En un mundo como en el que vivimos, aún y cuando obtusamente, muchos quieran negarlo, el concepto de bondad es particularmente muy relativo, y lo es por el hecho, de que la sociedad está dividida en clases sociales y por lo mismo, lo que es bueno para los sectores de poder, no necesariamente lo es para los sectores dominados.
Establecidas estas premisas, paso a afirmar, que para CARACTERIZAR de forma justa, los principales rasgos de la personalidad de nuestro inolvidable e inestimable compañero, amigo y yerno Élvido Lora, lo más lógico y prudente resulta para no caer en ambigüedades inconducentes, es el evitar calificar a Élvido con el manoseado y hasta muchas veces tergiversado adjetivo de «hombre bueno» y así lo entiendo, porque con ello no estaríamos resaltando los verdaderos valores humanos que efectivamente adornaron y movieron el accionar de un joven profesor, deportista y dirigente político que despertó admiración y respeto en todos quienes tuvimos oportunidad de compartir su compañía.

Los reales valores éticos y las verdaderas habilidades y competencias sociales que exhibiera nuestro Élvido fueron las que enumero a continuación: Profesor consagrado, Padre afectuoso y comprensivo, Esposo fiel y responsable, Amigo cálido y solidario, Hijo ejemplar y ciudadano políticamente comprometido con el imperio de la ley y de la justicia.
Más que hombre bueno, ÉLVIDO LORA ERA UN HOMBRE JUSTO. al designar la escuela de los ciruelos con su nombre, se le está reciprocando con justicia los valores que con tesón construyó y que colocó en la proa de su vida.











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