No importa qué tan lejos esté la fecha que se marca para ver un acontecimiento, todos los plazos vencen.
Está próximo a vencerse el plazo de 25 años cuando entró en vigencia el tratado de libre comercio DR-Cafta.
La verdad es que ha pasado mucho tiempo, suficiente como para que se haya logrado revisar y haber hecho a ese acuerdo las rectificaciones que desde hace mucho ha venido reclamando el sector arrocero del país.
Estamos a distancia de dos años para que entre en vigor el referido convenio y todavía no se tienen noticias de las gestiones que se haya podido avanzar para modificar el DR-Cafta.
Qué es lo que trae el DR-Cafta y por qué el arrocero teme que su entrada en vigencia le afecte de forma significativa.
El RD-Cafta tal como está firmado, sin que se haya modificado, permitirá la entrada al país de masivas importaciones de arroz sin pagar impuestos.
Eso significa que el arroz que entre al país, proveniente de Estados Unidos cuyos gobiernos subsidian a los agricultores, de forma provisional costará menos que el arroz de producción nacional, hasta que desaparezca el aparato productivo nacional, porque en una política dumping o competencia desleal, el arroz americano subirá de precio cuando ya no tenga competencia en el mercado local.
Igual ocurrirá con los criadores de cerdos, con los ganaderos productores de leche, ajo, cebolla y habichuelas.
Estos productos son llamados sensibles porque el país no tiene capacidad para competir con aquellos cuyos productores reciben subsidios de sus gobiernos. El DR-Cafta es una amenaza real para la seguridad alimentaria del país y puede convertirse en la guillotina de los productores nacionales.
Toca al gobierno de Luis Abinader negociar con las instancias de la Organización Mundial del Comercio, con el departamento de Agricultura de Estados Unidos y con quien haya que conversar a la mayor brevedad para evitar que el DR-Cafta entre en vigencia tal como está.











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