Hoy nuestra sociedad está amenazada por la destrucción. El camino que trazaron las viejas generaciones poco a poco se va borrando, creando un nuevo individuo con un carácter de monstruos que siendo incapaz de generar valores optan por la violencia, el irrespeto, la carencia de razonabilidad intelectual.
El deterioro ideológico está llevando al ser humano a vivir sin esperanza, recuerdo los tiempos de los años 70, 80 y hasta los 90, los jóvenes teníamos la idea de hacer una mejor nación siempre movido por el interés colectivo, nacionalista y revolucionario. Hoy respiramos una influyente transculturación, la música, el vestido, los valores patrios, ya no son componente de un individuo estrictamente equilibrado. Las crisis sociales nos han empujado como padres y madres de familia a no establecer un modelo de educación con autoridad objetiva. Gritamos ante un crimen horroroso, pero pensemos qué estamos construyendo; el miedo al esfuerzo, el querer darle todo a un hijo sin que éste se esfuerce, el apoyo aun cuando vemos la generación de acciones incorrectas, en fin, una construcción familiar basada en el materialismo en el ausentismo de buenos sentimientos.
Quién suscribe cree que hay una salida a todo este espectro social que hoy nos amenaza. Tenemos que fortalecer nuestros vínculos familiares, no para cherchar solamente, si no para plantear objetivos comunes que vayan construyendo un principio de unidad nacional. El deterioro de los sistemas de formación cada día está presente. Las iglesias que en otro tiempo representaron un signo de esperanza también se van deteriorando. Es como si el evangelio se convirtiera en una mercancía de venta más. Todos tenemos un compromiso, se hace urgente la cercanía, el escuchar, el compartir en salud. Crear espacio donde verdaderamente se pueda respirar aire de humanismo. Démosle en la madre al mayor problema que es la falta de unidad, identifiquemos nuestros verdaderos problemas, no sigamos tan indiferente ante una problemática que cada día nos corroe nuestra mejor identidad.
Hagamos conciencia de la gran desigualdad de clases y pongamos a nuestros representantes en condiciones de escuchar al pueblo con exigencias verdaderamente reales. Que enfrentemos la mala distribución de los bienes del país que son de todos.










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