No solo ocurre en la República Dominicana, desde los cimientos de la historia han ocurrido hechos que persiguen estrangular una parte de la sociedad.
Recordemos las guerras de los Romanos, los griegos, más cercano la guerra de Vietnam, la segunda guerra mundial, el conflicto más sangriento de la historia, en fin, siempre ocurren conflictos entre los hombres.
Su origen puede ser el control político de un territorio, su población y sus recursos naturales, o el choque de diferentes ideologías o religiones.
Hechos que generalmente tienen connotaciones violentas. Pero pensemos en otro tipo de guerras que está librando el hombre de hoy, estamos en presencia de un estrangulamiento social cuyo origen radica en la manifestación de ideologías tendentes a propiciar un libertinaje sin conducción social humanitaria.
El hombre de hoy vive un sin sentido de lo real, un nihilismo que cada día se acentúa y se refleja en el comportamiento social expresado por suicidio, homicidio, violencia familiar, violencia de género, muerte de la amistad de convivencia sana… estamos concurriendo a darle apoyo a un sistema degradante que al transcurrir del tiempo busca estrangularnos sin piedad.
Humildemente pienso que los dominicanos en concreto nos estamos dejando llevar de esta hecatombe que aparentemente no tiene freno. Culpamos a los gobiernos de todo lo que nos ocurre, pedimos sin justificación, no hacemos esfuerzo propio pensando que todo nos llegara del cielo.
En este contexto tenemos una clase social burócrata que todo lo arrasa para su beneficio personal, una nación indiferente y una juventud dormida en la mayoría de los casos.
Gobiernos entreguistas que no desarrollan un contexto nacionalista serio, en fin, estrangulamiento. ¿Cuál sería la propuesta ante esta dramática situación?
Es necesario elaborar un proyecto de nación basado en el renacer de nuestros símbolos nacionales, exaltar los hechos que dieron origen a nuestra patria, remover los acontecimientos de Luperón, de Caamaño, de Duarte, de Mamá Tingó, de las Hermanas Mirabal, de Manolo, en fin, de hombres que han reflejado un interés nacional verdadero.
Este pueblo dominicano sigue durmiendo en la inacción, necesitamos de líderes sociales que confronten su hacer con la realidad.
La educación debe ser el punto central de regeneración social, hay que revisar nuestras escuelas, nuestras familias, nuestros contornos, de lo contrario seguiremos afligidos como seres indiferentes cavando nuestra propia tumba.
Conozco de muchos hombres y mujeres que cada día se sacrifican como el que más, pero no tienen resultado de su sacrificio por lo que tenemos que salir de este círculo vicioso que nos está llevando a ningún lado.
Hagamos que los medios de producción se repartan para todos, que la igualdad y la justicia nos lleven a crear los valores de una verdadera nación de paz.










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