
Es indudable, que para todos (as) los (as) dominicanos (as), tanto los que viven en el interior de la República, como para los que por diversas razones residen fuera de ella, el 27 de febrero de cada año, día en que se conmemora nuestra Independencia Nacional, representa la ocasión por excelencia para colmado de orgullo patrio, rendirle merecido tributo y homenaje a Duarte y a quienes junto a él, lucharon por dotarnos de una República independiente y soberana.
Por las nociones de historia dominicana, que se imparten en los diferentes grados y niveles que integran el sistema educativo dominicano, y por otros diversos medios informativos y educativos: el estudiantado, los jóvenes y demás sectores que conforman la nación, llegan a tener o tienen aún sea de forma muy general y en muchas ocasiones hasta deformada, una visión del proceso que siguió la Independencia Nacional, visión que el autor quiere aclarar para fortalecer, desde la presente valoración critica que realizamos.
Todos reconocemos a Duarte, Sánchez y Mella, como los tres grandes, de nuestra Independencia, sin duda lo fueron, pero la obra de independizar nuestro territorio del dominio haitiano necesitó de que se unieran muchos factores entre ellos: económicos, sociales y políticos para que esa aspiración de Duarte de dotarnos de un nombre propio, pudiera finalmente hacerse una palpable realidad.
Una de las causas políticas que más favoreció el proyecto de Duarte y los Trinitarios, al que también se unieron, aunque con propósitos distintos los hateros que en ese momento lideraba Tomás Bobadilla: fueron las fisuras o contradicciones políticas que se manifestaron entre los distintos líderes haitianos; primeramente entre Boyer y Charles Herard y posteriormente entre este último y el general Desgrotte, quien al momento de anunciarse mediante el trabucazo de Mella, la voluntad de los dominicanos de ser libres, comandaba la plaza militar haitiana en la ciudad de Sto. Dgo.
Justo es reconocer y resaltar, que sin el genio y la habilidad política de Duarte, la independencia no hubiese podido cristalizarse tan rápido. Esta afirmación, que la reconocen la mayoría de los historiadores del país, sin importar que sean tradicionales o críticos, se sustenta en el hecho de que Duarte envió a Matías Ramón Mella a la ciudad de Los Cayos en Haití para convenir con los reformistas haitianos una alianza táctica que posibilitara el derrocamiento de Boyer.
Cuando dicha alianza dejó de tener el sentido que la había motivado, ésta se quebró, y al darse cuenta Charles Herard de los reales propósitos de Duarte, desató contra éste, una tenaz persecución que llevó al patricio junto a Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez a refugiarse en el extranjero. Con Duarte y sus compañeros exiliados y Sánchez enfermo y obligado a esconderse, los trinitarios y el ideal de la independencia plena, quedaron acéfalos es decir, sin una dirección y orientación politico-militar apropiados. Todo lo ante expuesto, facilitó las cosas para que el sector que encabezaba Tomás Bobadilla, mismo que era antinacional y pro-anexionista emergiera o se convirtiera en el bando dirigente del primer instrumento de gobierno que se creó tras la independencia; la Junta Central Gubernativa.
El pueblo dominicano deber saber con certeza, para poder explicarse con objetividad y claridad el hecho grandioso de nuestra independencia, que la misma, como lo establece el gran estudioso de la sociología política dominicana, Juan Isidro Jiménez Grullón. Fue el resultado de: «la unidad para finales de 1843 entre los antiguos partidarios del gobierno haitiano y los trinitarios y que tal unidad, aunque pudo darse, no respondía a las metas respectivas de ambos bandos, aún cuando sí concidían en el propósito de abolir la dominación haitiana». Por eso, cuando esta dominación haitiana cesó, afloraron de inmediato las contradicciones entre Duarte y sus partidarios y los partidarios de Tomas Bobadilla entre los que estaban Santana y su ejército de seybanos.
Una vez lograda la Independencia Nacional, la lucha política entre las ideas nacionalista y liberales que encarnó y representó Duarte, y las ideas entreguistas y anexionistas que enarbolaron los reaccionarios hateros encabezados por Pedro Santana alcanzó niveles encarnizados, lucha política esta, que guardando las diferencias de las condiciones históricas entre aquella época y la presente sigue teniendo vigencia ya que en la actualidad, existen quienes por alcanzar algunos beneficios, son partidarios de que el país pierda su soberanía, que es lo mismo que perder de manera real su independencia.
Los (as) jóvenes dominicanos (as) de hoy, entre estos (as) los (as) estudiantes, si de veras quieren dejar claramente expresado su alto sentido de gratitud patriótica por la obra de Duarte y los trinitarios, deben estar dispuestos (as) a defender la honra y la vergüenza del más puro y abnegado de los dominicanos. Como Duarte; debemos defender el derecho de ser independientes y soberanos, y ser soberanos, como nos lo enseñó el patricio, significa luchar por no perder nuestra calidad y capacidad de autogobernarnos. Honrar a Duarte y su memoria, es impedir la injerencia en nuestras cosas, de cualquier otro Estado o potencia, más si dicha injerencia es para perjudicarnos.
En el 161 aniversario de nuestra Independencia Nacional los (as) maestros (as), los (as) estudiantes, los (as) campesinos (as), los (as) obreros (as), y todo el pueblo dominicano, deben armarse con su pensamiento y su acción, para evitar que un grupo reducido de malos dominicanos entreguen nuestra soberanía en bandeja de plata a los insaciables y voraces sectores de poder, del imperio norteamericano.
Dos de los principales componentes filosóficos del pensamiento Duartiano, sobre los que se definió la idea de la independencia, fueron: la justicia y la libertad, y son justamente estos dos principios, los que pisotea el Tratado de Libre Comercio con E.U. que han firmado los Santana, los Báez, y los Bobadilla de hoy, que son al propio tiempo la fracción miserable de dominicanos, a los que para entonces, identificó Duarte, como enemigo del pueblo y la nación dominicana.
Así se dirigió Duarte a los jóvenes: «Seguid, jóvenes amigos, dulce esperanza de la patria mía, seguid con tensón y ardor en la hermosa carrera que habéis emprendido y alcanzad la gloria de dar cima a la grandiosa obra de nuestra regeneración política, de nuestra Independencia Nacional, única garantía de las libertades patrias».
El autor ha realizado estudios de Post-grado y Maestría en Ciencias Sociales en el CURNE-UASD










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