Los principales problemas de la Sociedad Dominicana son: el narcotráfico, la delincuencia, la corrupción en todos los niveles y el problema haitiano. También problemas energético, de suministro de agua y de salud.
Bien, la delincuencia es la actuación degenerada que contribuye, entre otros males, a la crisis moral que afecta a todos los dominicanos.
La delincuencia toma fuerza y se agiganta cuando se le da largas, y, cuando hay desmoralización por carencia de una verdadera Educación en cuanto a métodos de sensibilidad aplicados. Y es que una cosa es Educar y otra es Instruir o impartir conocimientos, o sea, se instruye más que lo que se educa. A pesar de los métodos de instrucción modernos. Educar es tratar de ayudar a transformar la conciencia para propiciar los modos correctos de vivir.
Y retomando el tema en cuestión, agrégase a lo anterior, la carencia de especialización y trabajo para diminuir al máximo “el ocio y la vagancia”, cuya dualidad es causa de uno que otros males. Más, el hecho de que no existan fuentes de trabajo para todos, no da pié de ningún modo para que se hagan desafueros antojadizamente.
No obstante, al Gobierno y al Sector Privado tócale ejecutar esas fuentes de trabajo. Aunque hay que estar conteste que el delito es inadmisible cuando se aplican justamente las leyes. Y no deben manejarse con rigor sólo para los pobres e indefensos, sino también aplicarse a los ricos o “reputados personajes” con la misma fuerza jurídica por igual. Pues, estos últimos, no deben apadrinarse mediante mediaciones o compadreo que minimicen la severidad de la aplicación.
El presente es la hora para que de una vez por todas, los medios de comunicación e información escrito, radial y televisivo aporten aún más su cuota de buena fe y constancia, para que impartan varias veces al día renglones que impliquen un mensaje que al educar disminuyan al máximo la delincuencia. Pues coadyuvará a la formación del germen para un renuevo de la conciencia social que, permita cambios en la enturbiada y perturbada conciencia humana.
Y es consabido por todos, lo mucho que se ha venido argumentando sobre la delincuencia. Teniéndose cómo los modos de violencia y crimen organizado con o sin premeditación, nos sitúan ante un gravísimo problema que, puede alterar y conturbar la marcha del desenvolvimiento económico y social.
Si partimos de un análisis de la realidad objetiva en que estamos inmersos, vemos cómo toma cuerpo la sinrazón del desconcierto social, moral y humano desde sus propias raíces de ser, pues muchas son las causas por las que el detonante delincuencial atenta contra el respeto, el orden y la paz ciudadana. Y estas causas surgen por la desaprensión o falta de orientación de muchos padres, el medio ambiente, la carencia de un conocimiento consciente y las limitaciones materiales que no permiten un convivir más holgado y llevadero, así como los actos dolosos de los que no le ha importado el destino de los demás.
Permitiendo así que una inmensa mayoría relaje su carácter, siguiendo de igual manera ese avieso derrotero del desfalco, la prevaricación y el deshonor.
Ya lo hemos dicho, la desarticulación que promueve el desorden y vandalismo no dejan de tener su fuerza en los impulsos primitivos del hombre. Es como si imperase una inconsciencia trival o caníbal que desconoce por ignorancia que sacrifica, descuartiza, viola o corta el hilo de la vida a otro ser humano que es su igual, semejante y hermano por su interna naturaleza. Tanto así, que cuanto ocurre desdice y pone en entredicho el que podamos llamarnos civilizados. Pero en fuerza de lo antecedente ya es hora de que, tratemos de hacer un Alto en el Camino para deshacer la incertidumbre y la perturbación que enervan y pueden conducir hacia lo incierto.
Y para hacer ese alto en el camino, hay que definir y establecer un Plan de salvación nacional, para detener y poner fin al caos que engendra la violencia y la muerte.
El plan o estrategia a seguir -digámoslo así- consistirá en aunar voluntades que, permitan mediante un esfuerzo conjunto detener y erradicar ese morbo que busca desestabilizar y conmocionar las estructuras sociales. Esto es, que Gobierno y Pueblo establezcan métodos de corrección y educación que pongan fín de una vez por todas, en cuanto implique elementos discordantes e indiferentes al orden y la paz.
Claro, también lo anterior involucra que el Gobierno y el Estado deben colaborar más, si se quiere que el sistema democrático pueda seguir vigente. Pues hay que implementar una política, que tome en cuenta a todos los sectores sociales por igual y que lo que se plantee realizar para el desarrollo de cada provincia, no sean notas insonoras que se guarden en palabras huecas. Pero hemos de esperar, que lo dicho con aparente buena intención fructifique para bien de todos.
Mas, de continuar este estado de cosas, nos conducirá a la deriva hasta el extremo de que, acabaremos perdiendo la fe en el porvenir. Y peor aún podría conducir por desfiladeros oscuros hacia el desboronamiento de las ya golpeadas bases de la sociedad: moral, social y política. Evitémoslo. Aún es tiempo. El presente es eterno.










Discussion about this post