El 15 de septiembre empezó a escalar la crisis entre República Dominicana y Haití cuando el gobierno dominicano cerró las fronteras terrestres, marítimas y aéreas con Haití. El desencuentro comenzó a partir de la decisión de un grupo de políticos y empresarios haitianos, de iniciar la excavación de un canal en el río Dajabón, en la zona fronteriza.
La situación ha sido llevada al seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a la Organización de los Estados Americanos (OEA). En ambos escenarios Haití ha defendido su derecho de usar los recursos hídricos, tal como los usa República Dominicana. Para oponerse, el país ha invocado el tratado de 1929 respecto a que asegura, el Río Dajabón le pertenece a los dominicanos.
Esta crisis hace recordar la frase profética en el sentido de que “el hombre, la humanidad, las naciones se pelearán por el agua”. La verdad es que República Dominicana y Haití son dos alas de un mismo pájaro.
Es la primera vez en la historia reciente que se produce un desencuentro a esta escala. Ahora que República Dominicana está comenzando a reducir las medidas que mantuvieron cerrada la frontera, los haitianos han decidido mantenerse inactivos, es decir, no venden sus productos a los dominicanos ni compran los artículos y productos que solían adquirir.
Esta actitud podría deberse al temor a las bandas armadas, bajo el pretexto de que si los mercaderes haitianos compran productos a los dominicanos, podrían ser atacados. En lo que va del año, las bandas armadas han causado la muerte de 2,400 personas y han perpetrado 900 secuestros. Otra razón es que los importadores haitianos están buscando mercancías en otros mercados, lo que ha desalentado la compra de productos dominicanos.
Es cierto que los haitianos compran aproximadamente RD$1,000 millones de pesos al año a República Dominicana, lo que equivale al 18% del consumo anual de insumos en Haití, mientras que el 82% restante lo adquieren en otros mercados. En otras palabras, los haitianos no dependen exclusivamente de República Dominicana como fuente de abastecimiento. Se puede observar que quienes compran en los mercados binacionales, como Dajabón, Duvergé, Elías Piña y Pedernales, son las clases con menor poder adquisitivo, mientras que las clases pudientes obtienen sus alimentos de otras fuentes.
Entre los productos que les venden los dominicanos a los haitianos están pica pica, arenque, bacalao, sardinas, huevos, pollos, harina de maíz y de trigo, vegetales, bananos, panes, hielo, pastas alimenticias, habichuelas, embutidos, plásticos, grasas, jugos, medicinas, varillas, cemento, etc.
Mientras que los haitianos ofrecen a los dominicanos calzados, ajo, ropas usadas, nueces, pastas dentales, utensilios de cocina, arroz, detergente, y aguacates, entre otros.
Al considerar este listado del intercambio comercial entre Haití y la República Dominicana, pareciera que la primera de estas naciones hermanas está en desventaja. Sin embargo, para la República Dominicana, Haití representa su segundo socio comercial, después de Estados Unidos, por lo que no está exenta de los desafíos que esto implica. Es evidente la determinación de los actores haitianos que han optado por continuar con la excavación del río, prefiriendo mantener la frontera cerrada antes que desistir de la explotación de la fuente acuífera.
Si en realidad la solución puede ser técnica en lugar de política, es importante considerar que República Dominicana y Haití son dos alas de un mismo pájaro.











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