Esta frase surge de una expresión conocida de Carlos Marx: Que la religión es el opio de los pueblos, pero es justo aclarar que Marx no se refería que la religión necesariamente siempre es una droga, un opio, sino que los pueblos con bajo nivel educativo con mucha ignorancia y la pérdida de un sentido de clase se convierte en pura masa y casi en idiota, y se abraza a la religión como una droga, un opio buscando una salida a su existencia.
Lo mismo sucede con los falsos intelectuales. Que el bajo nivel cultural de la sociedad actual se cuelan algunos individuos y ocupan puestos de mucha importancia en un país desarrollado. Cómo es ser regidor, síndico, diputado, senador, ministro, director y hasta presidente.
Este misterio, su opio para confundir a los demás es el tono de su voz. Casi siempre es suave, aunque no tenga contenido. Estos falsos intelectuales casi siempre son egoístas, yoístas, aman y defienden su propio disparate, nunca son pobre total, poseen un capital que lo sacan del bajo mundo porque no aplican principios para ganar su dinero, les gusta el negocio de las drogas o la facilidad de prestar dinero. Y sobre todo saben regalar sus pesos para lograr sus objetivos políticos, son unos malvados.
Históricamente los intelectuales de verdad son la parte inteligente de una sociedad, ellos piensan y actúan por todos los miembros de esa sociedad, pero hay épocas que los pueblos tienen el intelectual que se merecen. Después de la muerte de Trujillo la sociedad es un retroceso, es una pura mierda, los temas actuales no le sirven para nada a la República Dominicana. Que el aborto, la tres causales, la ideología de género, el homosexualismo, el lebianismo, los heterosexuales, los varones que dicen que son hembras y las hembras que no quieren saber de menstruación porque se sienten varones.
Su lucha feminista es decirle a las mujeres que son iguales que los hombres y hasta superior que el aborto es la libertad de no joder con los hijos. Estas y otras razones estúpidas que defienden los falsos intelectuales. Que dentro de unos años veremos el mundo lleno de mujeres solas, sin marido, sin hijos, sin nietos y sin familia. Ya con las tetas viviendo cerca del ombligo y no muy lejos de la rodilla, pero salvada por el Alzheimer porque ya no saben quiénes son, quiénes fueron y mucho menos para dónde van, porque el centro geriátrico para viejitos siempre tiene su puerta cerrada.
Los intelectuales que toda sociedad necesita para su crecimiento se produce cada 100 años, al decir del italiano Anthony Gramsci.
Pero a lo que llegan esos años repite estos versos del maestro Joaquín Sabina, «te deseo coraje para decir BASTA, te deseo que olvides a quien se olvidó de ti. Te deseo que no te conformes, que no te quedes con la culpa, te deseo que te atrevas, te deseo que te quieras”.
Ahora viene la frase mía, nunca le pidas a Dios que te quite la nieve; eso es imposible, pide que te mande leña para hacer una fogata. Nunca le pidas a Dios que te quite el calor del sol, pídele dos cartones para echarte fresco. Nunca te arrepientas de que Dios te hizo puta para un solo marido, deja la puerta abierta por si volviera del cielo.
Atentamente,
Manolo Bonilla.
Te deseo y no me da vergüenza.











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