Abraham Lincoln afirmó que “una papeleta de voto es más fuerte que la bala de un fusil”. Esta comparación resalta la fuerza inherente al ejercicio del voto como herramienta de cambio y participación cívica.
Podemos decir que el fusil es al voto lo que el dinero corruptor es al votante: lo daña, lo malea.
Para que muchos ciudadanos ejerzan su derecho al sufragio de manera consciente, no por un pica pollo y 500 pesos, como muy bien lo saben todos los políticos, es necesario educar a la población más vulnerable y tentada a mantener esa práctica.
En esta labor de educación a los ciudadanos pueden y deben participar los partidos reconocidos por cuanto estos perciben grandes sumas de dinero del Estado a través de la Junta Central Electoral.
Es más, en vez de exigirles a los partidos que elaboren planes e impartan programas de enseñanza, el Estado Dominicano debería condicionar la entrega de esos millonarios recursos a que trabajen para fortalecer la democracia dominicana la cual arrastra mucha falencia.
En la medida que la población conozca y aprenda a amar la democracia en el justo sentido de la palabra, la gente cuidará y valorará la democracia como verdadero tesoro.
La verdad es que los partidos, movimientos y agrupaciones políticas están en la obligación de contribuir a la formación política y al adiestramiento Técnico de los ciudadanos en los asuntos de Estado, a la instrucción de sus integrantes en la ideología partidaria y en la difusión de los valores democráticos, cívicos y patrióticos.
La misma ley No. 33-18 sobre los partidos, movimientos y agrupaciones políticas, establece las finalidades de los sistemas de educación política como son educar e incentivar a los ciudadanos a que participen activamente en la vida política e incorporar programas de formación cívica para jóvenes.
La democracia, como sistema político, cultiva un ambiente de respeto, solidaridad y paz, fundamentales para la convivencia social y el progreso colectivo.
Invitamos a los líderes de los partidos políticos locales a que asuman su responsabilidad en la formación ciudadana y en la promoción de una cultura política basada en la participación activa y los valores democráticos, lo que beneficia a toda la sociedad.











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