El silencio se apoderó del aula cuando el profesor, con mirada penetrante, fijó su vista en cada uno de sus alumnos y, señalando un tablero de ajedrez sobre su escritorio, preguntó: «¿Si cada uno de ustedes fuera una pieza en este juego, ¿con cuál se identificarían?».
De inmediato, la clase se llenó de un murmullo animado. Algunos estudiantes, con seguridad en sus voces, se identificaron con la reina, la pieza más poderosa del tablero. Otros se inclinaron por el rey, la figura central del juego. Incluso, algunos más tímidos se resignaron a ser simples peones, piezas básicas con un movimiento limitado.
El profesor, con una sonrisa en el rostro, asintió con la cabeza ante cada respuesta. «Está bien», dijo, «es importante conocerse a uno mismo, saber cuáles son nuestras fortalezas y debilidades. Sin embargo, mi pregunta va más allá de una simple identificación».
Un silencio expectante se apoderó de la clase. Los ojos de todos los estudiantes estaban fijos en el profesor, ansiosos por escuchar la siguiente parte de su pregunta.
«Si se identifican con una pieza del ajedrez», continuó el profesor con voz pausada, «eso significa que alguien está jugando con ustedes. Alguien está moviéndoles como si ustedes fueran piezas, controlando su tiempo, administrando sus finanzas, su agenda e incluso su proyecto de vida».
Las palabras del profesor resonaron en la mente de los estudiantes. Algunos se miraron entre sí, con una mezcla de sorpresa y comprensión en sus rostros. Otros se sentaron en silencio, reflexionando sobre el significado de la pregunta.
«El verdadero desafío», concluyó el profesor, «no está en ser la pieza más poderosa del tablero, sino en convertirse en el jugador que controla su propio destino. Dejen de ser peones, reinas o reyes en el juego de la vida y tomen las riendas de su futuro. Sean ustedes quienes mueven sus piezas, quienes tomen decisiones y diseñen su propio camino hacia la realización personal.
Extraido del libro ¨Un Milagro Llamado Emprendimiento¨











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