Veinte con cincuenta pesos es lo que usted me debe! Afirmaba Leoncia Generoso a un antiguo cliente de su pequeño negocio de frituras, el cual le adeudaba desde hacía diez años, la irrisoria suma de veinte centavos, por allá los tiempos del Jefe.
Pero si yo sólo me comí dos huevos hervidos, se escuchó decir al señor Quintino Flete; quien a causa de no tener cambio de un peso la señora Leoncia, es que ahora le cobraría de manera enérgica y compulsiva, el dinero del capital más los intereses de los susodichos huevos.
Si! Pero en todo ese tiempo, de haber yo comprado una gallina con aquel dinero, está me hubiese dado un gallinero; con el cual de seguro, habría obtenido una vaca. Por consiguiente la vaca al parir traería a la fecha varios ganados, que a su vez vendidos me generarían el ingreso suficiente para yo haber obtenido un colmado y no está fritura, decía con vehemencia la vieja, para luego agregar: de usted no pagar lo que me debe más los intereses por mora, nos veremos en los tribunales, seguía diciendo.
Cabizbajo y a punto de llorar, el desafortunado hombre se dirige a su casa. Sólo pensaba en las amenazas de aquella mujer a quien debía pagarle una suma de dinero que no poseía.
Un borrachito que caminaba tambaleándose por el camino se tropieza con él preocupado hombre, y con voz estropajosa le pregunta lo que le pasaba, de inmediato le cuenta todo al borrachito. Este le afirma con la mayor seguridad que él le resuelve ese problema.
¡Cómo! Aclama el preocupado hombre. Ni siquiera los mejores abogados me dan esperanzas, y tú , un borrachito me dice que resuelve ese caso. Solo tienes que darme una tercia de aguardiente y problema resuelto, decía.! Está bien, no me queda de otra. Mañana a las nueve de la mañana no veremos el tribunal
Al día siguiente todo estaba listo para la audiencia estelar. Sentada junto a su abogado acusador estaba doña Leoncia, por otra parte, casi derrotada en espera de su abogado defensor, Quintino se comía las uñas.
El escenario estaba listo para aquella inusual audiencia. Solo faltaba el borrachito que se había retrasado. El honorable magistrado ya iba a dar el mayetazo para dictar sentencia cuando el borrachito se apareció.
¿Qué le sucedió a usted que llegó tarde a la audiencia? Le reclama con voz de trueno el Juez. A lo que el borrachito le responde: excúseme excelencia, pero era que yo estaba hirviendo un cajón de habichuelas para sembrarlas. ¡Está usted loco! ¿Dónde ha visto usted que las habichuelas hervidas nacen? ¿Y los huevos hervidos sacan?
De la autoría de mi abuelo.
Fabriciano Paulino.
Transcrito por: Félix Paulino

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