Querido King Kong, estoy consciente que tú eres una película de los años 1930, pero las veces que puedo verte, te vivo, te siento y te admiro por ser un sobreviviente de la dictadura de los gigantes dinosaurios, que con esas enormes patas y sus filosos dientes mataban a todos los supuestos animales que fueran más pequeños que ellos, pero gracias a un meteorito acabó con la dictadura de los dinosaurios y luego llegaron los seres humanos más pequeños, más débiles, más envidiosos egoístas, comprometidos con la verdad, con la democracia, con la libertad, con la justicia y menos agresivos, pero han matado más seres vivos que todos los dinosaurios juntos.
Querido King Kong, ¿cómo lograste que esa rubita tan linda se enamorara de ti? ¿por tus ojos? ¿por tu nariz achatada? ¿por tu boca más grande que un elefante hindú? o tus nalgas tan altas como el Pico Duarte, tu pecho como dos plays tipo Julián Javier, o por tu panza tan grande como el Lago Enriquillo, tus testículos hermosos y colgantes como una piñata de niños ricos llenos de caramelos y juguetes sin pilas porque se gastan solo en un día, sino de cuerda que duran más los niños jugando.
Querida Rubita de la película dime la verdad, aunque sea aburrida, cómo dice el escritor pesimista Emil Cioran, “la verdad estabas aburrida de ser actriz y solo amando con la misma fuerza que aman los idiotas podían salvar mi vida de un suicidio”, mi más profundo deseo era salir embarazada para poner a Dios a prueba porque mi vientre tenía que crecer más grande que mi hijo, el hijo de King Kong y mis tetas tan anchas, que todos los tanques de la fábrica de leche serían pequeños, para alimentar a mi pequeño hijo llamado Kingkongsito y ver con mucho coraje un grupo de mujeres de todas las iglesias cristianas, con carteles y bocinas gritando “abajo el aborto, sí a la vida”, y del otro lado de la calle un grupo de lesbianas y homosexuales que hace tiempo negociaron cambiar el amor por la libertad sexual. Y allá en el Congreso un grupo de senadores y diputados con los bolsillos llenos de condones para no preñar a toda la secretarias y las trabajadoras de su casa y todas las muchachas que le gusta pedir bola a las yipetas oficiales.
Querido King Kong, me gustaría saber todo lo que pasó en la película, ¿qué fue lo que más te encojonó?, que te sacarán de la montaña con tus dictaduras de dinosaurio o que te llevaran a un teatro a la ciudad encadenado y las damas ricas haciendo Bullying por tus grandes pies, tus grandes manos, tu gran boca, tus enormes dientes o por tu grandes virtudes masculinas.
Querida Rubita de la película, según la prensa amarilla, te gustó mucho la frase de los fabricantes del perfume Chanel que la mujer debe colocarse la fragancia donde desea que el hombre la bese, entonces ¿acaso querías que King Kong te tragara para morir en su vientre en la búsqueda del amor perdido?
Querido King Kong, en nombre de un grupo de humanos queremos pedirte perdón por la actitud de esos grupos de militares, policías y pilotos salvajes, que siendo tu un ser inocente te cayeron a tiros, tantos tiros que te llevaron a la muerte inmerecida, pero te agradecemos la demostración de amor con la Rubita de la película, la dormiste en tus manos grandes, la abrazaste con tus brazos fuertes sin cometer un feminicidio, como los hombres de ahora, vuelve pronto querido King Kong para el 2028 para que seas nuestro próximo presidente.
Atentamente:
Manolo Bonilla
El otro King Kong











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