Detrás del comentario “esa corona es comprada”, las personas no ven que implica el peso que conlleva ganarse un título de reina. Como padres, es natural desear que nuestros hijos triunfen cuando los inscribimos en estas competencias. Sin embargo, al no aceptar la realidad de una derrota, caemos en la trampa de sobreproteger a nuestros hijos y negarles lecciones valiosas sobre perseverancia y la valentía de mejorar.
Es una escena común: tras el anuncio de los ganadores, las acusaciones de fraude y favoritismo proliferan. «Esa corona es comprada», «mi hija era mejor», «más linda», «más alta», «con el pelo más largo y natural», son frases que se escuchan una y otra vez. Pero, ¿dónde queda el reconocimiento del talento? ¿Es posible ganar solo con un físico atractivo o siendo de una familia pudientes? La respuesta es más compleja y profunda.
Para elegir a una reina, se lleva a cabo un proceso exhaustivo donde se evalúa mucho más que la apariencia física. Las participantes deben superar pruebas de talento, cada una más desafiante que la anterior. Estas pruebas pueden incluir actuaciones de canto, monólogos o bailes, cada una de ellas demandando una preparación meticulosa y un rendimiento impecable.
Cuando una joven elige cantar, no se trata solo de su habilidad vocal. La selección de la canción es crucial, así como su interpretación. La letra debe transmitir un mensaje positivo y resonar con la audiencia y el jurado. El canto en este contexto va más allá de la técnica; es una herramienta para inspirar y conectar.
Los monólogos presentan otro tipo de desafío. No son meras exposiciones de memoria, sino interpretaciones profundas que deben hacer vivir al público cada palabra, cada emoción, y transmitir un mensaje significativo. El talento aquí radica en la capacidad de la participante para sumergirse en su personaje y llevar consigo a la audiencia en ese viaje emocional.
El baile, igualmente, es una prueba de talento que va más allá de la coreografía. La elección del vestuario es crucial, evitando cualquier cosa que pueda ser considerada inapropiada o provocativa. La música seleccionada debe ser adecuada y la interpretación, vibrante y respetuosa. Bailar «El Farolito» de Juan Luis Guerra, por ejemplo, requiere una presentación que combine alegría y decoro, sin caer en excesos.
La realidad es que estos concursos son mucho más que una mera exhibición de belleza superficial. Son una plataforma para mostrar habilidades, inteligencia, y dedicación.
Es lamentable que muchos no comprendan este aspecto, prefiriendo aferrarse a la idea de que todo está comprado y manipulado.
Finalmente, siendo madre de unas de las niñas que participó en el año 2023 y ganó como mini reina y tener la oportunidad de ser jurado en este año 2024 me pregunto si las coronas se compran, ¿dónde está el dinero que se pagó por la de mi hija? Si un jurado vende sus decisiones, ¿dónde está el depósito que me hicieron?











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