Y como el sol a la tierra
Amando cada esquina de mi cuerpo
Su calor, su aroma al salvaje monte
Árido y con la voz más hermosa jamás escuchada.
Sus garras en mi boca silenciaron lo que él
Con su fuego incitaba, la más hermosa faz
Entre todos los hombres.
Mi santo demonio contemplaba con esmeraldas joyas
Sonreía con dulzura mientras gozaba mi cuerpo sin fin.
Al su espalda tocar fue cuando supe quien era
Tenía escamas sangrientas.
Vi como una serpiente enorme y maligna le brotaba,
Como una azarosa y umbría cola
Sus verdes ojos tornaron negros y me observaba temeroso, inseguro y con miedo.
Ahí supe que hasta el diablo se asusta y teme ante los hombres. Supe que el diablo podía ser hermoso y que me había acostado con él.










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