Querida Marileidy,
Me gustaría saber si tienes novio, pero eso realmente no es tan importante. Lo que de verdad me importa es que aproveches la fama que has ganado con tanto esfuerzo. Sería fantástico que pudieras estudiar en el extranjero, en esos lugares donde los hijos de los peledeístas y los vástagos de los actuales funcionarios han ido a formarse y de ser posible donde estudiaron las hijas de Luis Abinader el presidente actual y el próximo presidente hasta el 2028, ¿y?
Querida Marileidy, la fama es como el colesterol, no es conveniente comer chicharrón, no te puedes quedar Zanganeando, que no te pase como a otras mujeres valiosas que se dejaron preñar de un artista de segunda, un pelotero venido a menos, o un jovencito que busca fortuna y fama a través de ti. Estos tipos casi nunca son feos, pero son de poco trabajar.
Querida Marileidy, vuelve a la Torre Eiffel, solo tú tienes su misma altura, si te toca encontrarte con el tapón de Napoleón Bonaparte, damele un cote por creerse que él fue mejor presidente que Charles de Gaulle, o si te encuentras con Charles Aznavour y dile que te cante la bohemia, no dejes de visitar a Juana de Arco, ella igual que tú tenían una fe en Dios con fuerza superior y si te encuentras con algún señor mayor, pídele que te hable de Voltaire, el filósofo de la tolerancia. Luego, no dejes de explorar el Museo de Louis Pasteur, el microbiólogo que ayudó a aumentar la esperanza de vida humana en 40 años.
Querida marileidy, una extranjera como tú tuvo que salir de su país Polonia y vivir en Francia para ser posible ganar dos premios Nobel en física y en química, algo así como dos medallas de oro, por favor, no dejes de preguntar, por Víctor Hugo el de la novela Los Miserables del Siglo XVIII y te dará cuenta que en República Dominicana todo sigue igual, decía Víctor Hugo: “A los ignorantes enseñadles lo más que podáis; la sociedad es culpable por no dar instrucción gratis; es responsable de la oscuridad que con esto produce. Si un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpable no es en realidad el que peca, sino el que no disipa las tinieblas”.
Por último, no creas en la falsa promesa de que al final del túnel hay una luz. No hay nada en el túnel de la vida; hay que aprender a correr en la oscuridad y ganar la medalla de oro. Tú vienes de un barrio y solo la luz de tu fe en Dios te marcó el camino. Dile a los pobres que no deben esperar encontrar las llaves perdidas en un lugar lejano iluminado, sino en el mismo lugar oscuro donde se perdieron.
Atentamente,
Manolo Bonilla,
Ex Campeón Regional

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