Señor lector, escribí este libro con las intenciones de producir algunos diálogos, discusiones o debates entre las personas de este pueblo y el país. Especialmente, dar algunas conferencias en las dos universidades locales, pero estaba muy perdido en mi deseo porque el libro ya tiene 36 años de haber sido publicado y nadie me dice nada, quizás algunos elogios dichos en voz baja, como quien tiene miedo de que alguien escuche que coinciden conmigo. Sé que el tema tiene doble o triple moral.
Por una parte, las drogas están prohibidas, es un material de uso que le hace daño al ser humano y, por el otro lado, el dinero que produce en la dinámica social es utilizado y deseado por muchas personas decentes que odian las drogas, pero son capaces de vender su casa, su finca, su carro, hasta sus hijas, las que están buenonas. Por último, están las llamadas instituciones de ayuda a los pobres, esas son felices cuando reciben dinero del narcotráfico, porque en sus manos de lavadora automática, el dinero queda limpio, lavado y planchado.
En mi libro ubico el narcotráfico como una nueva clase y no como un grupo dentro de la clase burguesa que ideológicamente rechaza el narcotráfico por acumular su capital en contra de las leyes que prohíben el negocio de la mercancía llamada drogas y el dinero que produce lavado.
En mi libro hay un concepto de mucha importancia que se llama la fidelidad. Es un valor primario de mayor fuerza que, en términos sociológicos, se parece a la fuerza de trabajo, que es el elemento que Karl Marx dice que la clase obrera le vende al capitalismo o a la clase burguesa en su medio de producción o industria. Pero en una oficina o punto de drogas hay varios individuos o empleados que tienen varias funciones o trabajos: el individuo de la puerta de afuera, el individuo de la puerta de adentro, los vendedores de las calles, el cortador de las drogas, el pesador, la seguridad, el guardaespaldas del dueño del punto, los intermediarios entre los grupos vendedores y el dueño de la oficina o punto. Toda esta estructura de trabajo que forma el punto se le puede decir que venden su fuerza de trabajo y reciben buenas remuneraciones o pago igual que en una fábrica. Pero el pago mayor y los niveles de pago se producen por el nivel que ocupe en el grupo su fidelidad, su coraje, su disposición de matar a aquel que falle en esta estructura suigéneris de trabajo o de producción de servicio en el negocio de las drogas.
Querido lector, el narcotráfico ve en la burguesía un aliado necesario, no solo como posible cliente, sino que, debido a su ilegalidad en la sociedad capitalista, no le es posible ser dueño directo de la justicia, de la policía, los centros de salud, los bancos, de todos los poderes del Estado, hasta dueño del presidente de turno. Nada de esto ellos son dueños, y se les hace necesario aliarse a la burguesía corrupta, que les sirve de base comercial para su desarrollo económico. Sin los burgueses, el narcotráfico no logra ser una clase propia, porque son como dos aves que vuelan juntas, pero no atadas, en la búsqueda del dinero.
Querido lector, puede resultar extraño que un escritor humano proponga en su libro que la legalización es la única vía para controlar el negocio de las drogas, porque ni la educación, ni la moral, ni las leyes burguesas han podido reducir en nada este llamado “flagelo” de la humanidad. Porque en la estructura biológica del hombre o la mujer trae en su cerebro la necesidad del consumo de las drogas junto a los alimentos que le dan vida. Nacido el hombre, nacidas las drogas, algo así como matando el perro envenenado mueren las pulgas.
Las drogas son una mercancía cualquiera, se vende y se compra como un carro o un zapato, se vende y se compra, o las gotas para los ojos que son carísimas, se compran o se venden. Pero la mercancía llamada drogas sube su precio por tres factores que son:
- La prohibición.
- La fidelidad
- El valor de la testosterona para mantenerse en ese negocio que no es para pendejos. No es como las gotas para los ojos, cualquier pendejo las vende y cualquier pendejo las compra.
Atentamente,
Manolo Bonilla
Pro Legalidad











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