Señora Ceniza, según el diccionario, usted es residuo de una combustión que murió. Para los enamorados despachados, usted es una esperanza donde se puede encontrar brasa de un amor ya imposible.
Pero un pesimista diría que usted es un pasado donde había un gran fuego. La ceniza en la casa de un pobre de familia significa que los fogones con ceniza es la desgracia de que no hay nada para cocinar.
El nivel de su frialdad significa como un calendario los días que no se calienta nada. Ahora, estoy confundido, no sé qué quiero ser, sí ceniza o fuego, porque el mundo está bailando de cabeza.
Hombres y mujeres sin condiciones humanas están llegando a la presidencia de cada país, como el caso de Israel, Colombia, Francia, España y sobre todo Donald Trump en Estados Unidos, destruyendo a una gran nación y creando una guerra civil que lo puede dejar en la ruina sobre la ceniza de lo que fue ese país.
Señora Ceniza, ya nada es igual. Ahora es normal la ética tramposa, la nueva virtud del mundo contemporáneo. Ya no se trata de hacer lo correcto, sino lograr los resultados al precio que sea o joder a cualquiera por la trampa porque ya es normal.
El hipócrita si tiene éxito, deja de serlo. Una chapeadora educada ya no es un cuero, es una emprendedora exitosa, un abogado que engaña y gana causa, es un famoso profesional habilidoso. A los jueces se les facilita aplicar justicia.
Si la víctima está apoyada por el populismo del bajo mundo y algunos dirigentes desfasados con olor a izquierda. Pero si van a elecciones como candidato, no sacan dos votos.
Señora Ceniza, en medicina los médicos ya no se miden por el amor al paciente. Ahora se miden por el tipo de auto, el tamaño de la casa, con piscina o sin piscina, con casa de veraneo y la cantidad amigos Dominican York con dineros. Y algunos amigos de clase media baja, pero muy agradable. En capacidad de buscar el hielo cuando se termina para seguir la fiesta. Sin importar la hora ni la distancia. Si siempre tienen la habilidad de ser amigo de la esposa y la querida del médico exitoso.
Señora Ceniza, déjame contarte una anécdota histórica de nuestro primer sociólogo Pedro Francisco Bonó.
A los tres meses de estar en el Congreso escribió una carta de renuncia.
Con un solo párrafo que decía, “Renuncio como congresista por no tener la habilidad de soportar en este mismo espacio un grupo de tigres chulo, mala paga, engañadores, ladrones, incultos, analfabetos, hijos de la gran puta y sobretodo sin dejar de ser dominicano igual que yo”.
Señora Ceniza, en las universidades no se eligen las carreras por vocaciones, sino por facilidades y que dejen dinero. Ahora no se usa tanto el cerebro sino la falda. Y los varones con sus pantalones pegaditos, sin correa, con algunos tatuajes, con su voz suaves, pero agradables, capaz de repetir con coherencia todos los comentarios que salen en WhatsApp.
Casi siempre eligen carreras que no tengan muchas asignaturas con matemáticas, como es educación y mercadeo.
Educación porque después del 4% tiene mejor salario y mercadeo porque le dicen, licenciado, lo suficiente para ser un candidato a regidor.
Señora Ceniza, llegó el tiempo de soñar con ser pelotero o cantante de música callejera porque no se necesita saber música ni tener voz, sino la suerte de pegar un disparate que produzca lo suficiente para comprar una Jeepeta del año o del año pasado.
Y sobre todo muchas fanáticas capaz de escucharlo con tanta emoción que se quitan los pantis para tirárselo delante del público como una manifestación de suerte plena de estarlo escuchando.
Atentamente,
Manolo Bonilla,
La Ceniza.











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