La construcción del muro en la frontera dominico-haitiana es un claro indicio de la coherencia con la que el presidente Luis Abinader ha abordado la compleja y cambiante situación haitiana. Esta frontera se extiende por unos 390 kilómetros, de los cuales sólo 54 han sido edificados hasta la fecha, con 13 kilómetros adicionales previstos en los próximos meses.
Aunque la longitud construida puede parecer limitada, es importante recordar que toda gran obra comienza con un primer paso. Corresponderá a los gobiernos venideros asumir este proyecto como una auténtica política de Estado. Solo con continuidad y visión de largo plazo podrá completarse el muro, que debe entenderse como una obra de nación. Alguien tenía que iniciarla, y Abinader ha asumido ese compromiso.
Sin embargo, lo verdaderamente ideal sería construir también un muro humano, repoblando y desarrollando la zona fronteriza. En este sentido, podría explorarse una alianza estratégica con el Estado de Israel, un país que ha demostrado una capacidad admirable para hacer florecer el desierto y desarrollar una ganadería de clase mundial.
Un proyecto de cooperación con ciudadanos israelíes, orientado al desarrollo agrícola y ganadero en la región fronteriza, podría ser una vía efectiva para dinamizar esa franja del país.
De forma complementaria el gobierno dominicano podría poner en marcha un ambicioso programa para atraer y establecer en la zona a profesionales del sector agropecuario: agrónomos, veterinarios, zootecnistas, ingenieros agrícolas, entre otros. Esta propuesta también representa un proyecto de nación que requerirá planificación, inversión y, sobre todo, continuidad en el tiempo.
Solo con visión, voluntad política y sentido de propósito podrá transformarse la frontera en una zona de desarrollo, seguridad y dignidad para todos.











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