El verano, el clima tropical y la temporada de lluvias en la región nordeste de la República Dominicana no representan solo un cambio climático; constituyen una amenaza sanitaria multifactorial, particularmente para las personas que viven con enfermedades crónicas no transmisibles, como diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedad renal crónica, asma y enfermedades cardiovasculares.
El incremento de las temperaturas, la alta humedad ambiental y la proliferación de vectores como Aedes aegypti (transmisor del dengue, chikungunya y zika), junto a condiciones de saneamiento deficitario en algunos sectores rurales y urbanos, debido al desconociminto o falta de cultura de reciclado, generan un escenario propicio para un aumento de las enfermedades infecciosas. Este contexto coloca en situación de riesgo elevado a quienes ya tienen un sistema inmunológico comprometido, con consecuencias que no solo afectan la salud individual, sino que tienen impacto directo en la sostenibilidad del sistema de salud dominicano.
El sistema inmunológico es el conjunto de células, órganos y tejidos que protegen al organismo frente a agresiones externas, desde virus y bacterias hasta toxinas ambientales. En personas con enfermedades crónicas no transmisibles, esta respuesta inmunitaria se ve deteriorada. Estudios como el de Geerlings y Hoepelman (Clinical Infectious Diseases, 1999) señalan que los pacientes con diabetes presentan disfunción de neutrófilos, menor capacidad de fagocitosis y defectos en la quimiotaxis, lo que incrementa su susceptibilidad a infecciones bacterianas y virales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023) ha alertado que las personas con enfermedades crónicas mal controladas tienen entre 2 y 3 veces más riesgo de hospitalización y muerte frente a infecciones comunes. En nuestro entorno tropical, estas cifras son aún más alarmantes durante la temporada de lluvias, cuando se disparan casos de dengue grave, leptospirosis, diarreas infecciosas e infecciones respiratorias agudas, todas con potencial descompensador para los pacientes crónicos.
Frente a este escenario, la prevención se convierte en la intervención más costo-efectiva y de mayor impacto poblacional. La literatura internacional es clara: las intervenciones comunitarias orientadas a la promoción de estilos de vida saludables y a la mejora de las condiciones ambientales tienen retornos de inversión sanitarios entre 3 y 5 veces superiores a las intervenciones exclusivamente hospitalarias (The Lancet Global Health, 2019; Centers for Disease Control and Prevention, 2022).
¿Qué estrategias podemos promover desde el ámbito clínico y comunitario para fortalecer la inmunidad durante el verano y reducir el riesgo de complicaciones en pacientes crónicos?
- Hidratación adecuada: al menos 2 litros de agua al día, incrementando en caso de sudoración excesiva. En situaciones de deshidratación leve, uso de soluciones de rehidratación oral (SRO) caseras o comerciales, según recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud.
- Nutrición balanceada: inclusión prioritaria de alimentos ricos en antioxidantes, vitaminas A, C y E, zinc y hierro, presentes en frutas cítricas, vegetales de hoja verde, cereales integrales, legumbres, pescado y carnes magras. Se debe limitar el consumo de azúcares refinados, grasas trans y sodio, factores directamente relacionados con inflamación crónica y deterioro inmunitario (Nutrition Reviews, 2021).
- Actividad física regular y adaptada: mínimo 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, ajustada a las capacidades y condiciones del paciente, con autorización médica. La actividad física mejora la respuesta inmune, reduce los marcadores inflamatorios sistémicos y contribuye al control de peso corporal.
- Manejo del estrés y sueño reparador: el estrés crónico eleva los niveles de cortisol, lo que suprime la función de células inmunitarias clave como linfocitos T y células NK. Dormir entre 7 y 8 horas por noche se asocia con mejor función inmunológica y menor riesgo de infecciones respiratorias (JAMA Internal Medicine, 2015).
- Control riguroso de enfermedades crónicas: adherencia terapéutica, monitoreo ambulatorio de glicemia capilar, presión arterial y peso corporal, así como cumplimiento de consultas programadas.
- Intervenciones ambientales: eliminación sistemática de criaderos de mosquitos, aseguramiento de la potabilización del agua, correcta manipulación y conservación de alimentos, y uso de mosquiteros, particularmente en niños, embarazadas y adultos mayores.
La prevención no es sólo un imperativo médico; es un imperativo económico. Según estimaciones del Ministerio de Salud Pública (2024), las complicaciones por enfermedades crónicas e infecciosas representan un porcentaje significativo de las internaciones hospitalarias, las cuales podrían reducirse en más de un 30 % con intervenciones preventivas adecuadas.
La American Diabetes Association (ADA) calcula que cada dólar invertido en prevención de diabetes (nutrición, actividad física, educación comunitaria) genera un ahorro de entre 4 y 7 dólares en gastos sanitarios directos e indirectos. En un sistema como el dominicano, donde cerca del 40 % del gasto sanitario proviene del bolsillo de las familias, prevenir significa, literalmente, evitar el empobrecimiento de los hogares.
Desde la Fundación Fármacos Solidarios, hemos asumido la responsabilidad de actuar como puente entre la atención clínica, la educación comunitaria y la prevención efectiva. Este verano, a través del Centro de Salud Integral y Diabetes del Nordeste (CESIDEN), desplegaremos jornadas de educación en prevención de dengue, leptospirosis y enfermedades diarreicas; talleres de alimentación saludable adaptada a recursos locales; campañas de eliminación de criaderos y saneamiento básico; así como provisión solidaria de medicamentos esenciales y materiales educativos.
Prevenir no es una opción complementaria: es el eje transformador de cualquier política de salud seria. Enfrentar el verano y las lluvias con una estrategia preventiva centrada en fortalecer el sistema inmunológico y controlar las enfermedades crónicas no solo reducirá la carga de morbilidad y mortalidad en nuestra región, sino que aliviará la presión sobre un sistema sanitario ya limitado y protegerá la economía de las familias.
Cuidarnos es, en esencia, un acto de responsabilidad colectiva. Desde la Fundación Fármacos Solidarios reafirmamos nuestro compromiso de acompañar a nuestras comunidades para construir un nordeste más saludable, resiliente y solidario. En nuestra próxima entrega, abordaremos en profundidad las estrategias específicas para prevenir el dengue en esta temporada, desde el hogar hasta la comunidad.
Porque en salud, prevenir siempre será el mejor tratamiento.











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