Desde su espacio dedicado a la infancia, el Núcleo de Escritores de la Región Nordeste se complace en presentar un nuevo cuento del joven autor Daniel Sánchez, titulado La mentira de Ankely. Daniel Sánchez Muñoz, de tan solo 11 años, reside en San Francisco de Macorís y es hijo de Francisco Sánchez y Dianny Muñoz.
La mentira de Ankely
Había una vez una niña llamada Ankely, que era prima de Sheilina. Iban a la misma escuela, jugaban juntas todos los días y se querían como si fueran hermanas. Pero Ankely, que era muy inquieta, tenía varios días pensando en hacerle una broma a su prima, porque había visto bromas graciosas en un programa de televisión.
Un día, mientras estaban en clase copiando lo que escribía el maestro Mateo en la pizarra, Ankely suspiró y dijo:
—Estoy aburrida… no me gusta esta clase, no quiero estar aquí, quiero irme a casa.
Sheilina la miró sorprendida y le dijo:
—¿Pero por qué dices eso? Venimos a la escuela para aprender.
—Pues yo no quiero volver más —respondió Ankely, haciendo como que no le importaba nada.
Al día siguiente, cuando Sheilina pasó a buscarla para ir a clases, Ankely ni siquiera la miró: se quedó pegada a la computadora. Sheilina, triste y confundida, se fue sola a la escuela. Allí todos preguntaban por qué Ankely no había ido, pero Sheilina no sabía qué responder.
En la casa, la mamá de Ankely le preguntó por qué no quería ir a la escuela. Ankely, en vez de decir la verdad, inventó otra mentira:
—Me siento mal, creo que me voy a enfermar.
—Entonces guarda reposo —dijo su mamá preocupada.
Más tarde, Sheilina llevó las tareas para que su prima copiara. Pero Ankely soltó una carcajada:
—¡Ja, ja, ja, upa upa, caíste! Todo era una broma, solo quería probarla contigo.
Sheilina se quedó seria y le dijo:
—¿Cómo pudiste mentirme así? Yo confiaba en ti. Eso no es una broma, es una mentira que engañó a todos… hasta a tu mamá. Me siento triste y ahora ya no te creo.
Y como las mentiras siempre tienen consecuencias, al día siguiente Ankely de verdad se enfermó: le dio amigdalitis. Cuando llamó a Sheilina para que le pasara las clases, su prima respondió:
—No te creo, búscate otra persona con quién jugar.
Ankely, asustada y arrepentida, empezó a llorar. Con gemidos le pidió perdón a Sheilina y prometió no volver a mentir nunca más.
Moraleja: Una mentira trae otra mentira, y al final terminas viviendo en un mundo que no es real. Decir la verdad nos hace honestos, nos da paz y viene de Dios.











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