La falta de amor al prójimo, el odio, la ira y la indiferencia tienen un mismo origen que muchas veces pasa desapercibido: el deterioro de la salud mental. Ese enemigo silencioso se esconde detrás de cada estallido de violencia, disfrazado de impulsividad, de venganza, de rabia sin causa. Nos está arrebatando la paz, la empatía y, sobre todo, la vida.
En los últimos años, la violencia ha invadido cada rincón de la sociedad dominicana, pero hoy quiero hablar de lo que está ocurriendo en mi pueblo: San Francisco de Macorís. En menos de 15 días, hemos sido testigos de hechos tan escalofriantes como dolorosos, que nos obligan a detenernos y preguntarnos: ¿qué nos está pasando como sociedad?
El pasado 27 de agosto, Luis Gustavo de Aza fue asesinado frente al Palacio de Justicia, justo cuando salía de declarar como testigo clave en un proceso judicial. Al día siguiente, Adonis Santiago Paulino, conocido como El Ñequito, murió tras una discusión por 50 pesos en el mercado municipal, donde era visto como una persona agresiva y desafiante.
La noche del 29 de agosto, Fior Daliza Mena Hiciano perdió la vida tras recibir dos disparos en la cabeza. Según versiones, intentaba forzar un vehículo. Apenas unos días después, un hecho de feminicidio conmocionó nuevamente la ciudad: Mary Corniel Vizcaíno, de 50 años, fue asesinada por su expareja, un hombre de 71 años que, según testigos, no aceptaba su decisión de no volver con él.
Cuatro muertes violentas en menos de una semana. Cuatro vidas que se extinguieron en circunstancias que reflejan un profundo colapso emocional, social y ético.
Entonces, ¿dónde quedó la empatía? ¿Por qué tanta rabia acumulada? ¿Cuándo dejamos de ver al otro como un ser humano con derecho a vivir?
La salud mental no puede seguir siendo un tema tabú. Ninguna justificación, ni siquiera el descontrol emocional, puede explicar que alguien quite la vida a otra persona. A nadie le pertenece la vida del otro. Nadie tiene derecho a ser verdugo por impulso, por celos, por frustración o por dinero.
Este artículo no busca señalar culpables individuales. Busca despertar conciencia. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de mirar hacia dentro, de reconocer cuándo necesita ayuda y de tomar acción antes de que sea demasiado tarde.











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