Hay una lucha más feroz que la guerra en armas, esa lucha tiene un punto que marca su conocimiento en el nacimiento de cada ser humano. Arranca con un grito al nacer. No sé si la psicología o la filosofía tienen o han tenido una respuesta a ese surgir.
Siempre he escuchado que al nacer los familiares hacen comparaciones se parece a fulano, a mengano, va a ser esto o aquello, en fin, surgen todo tipo de comentarios con el recién nacido. ¿Pero nos detenemos a pensar en la construcción de la vida interior de esa nueva persona? Además de los alimentos, el hábitat, los estudios, el ser humano necesita por obligación construir una vida interior.
Y esa construcción no depende de las condiciones políticas, económicas, sociales, depende del suspiro espiritual de la creación misma. Esto nos lleva a una cuestión antropológica, pero siempre con la misma respuesta, somos seres creados. Evolución, si Darwin tiene razón, no importa, lo importante es que hubo una primera esencia para hacer. Si esa primera categoría hace un recorrido que llamamos vida. Estar, donde nos corresponda; África, Estados Unidos, Asia, India, en fin, donde nos corresponda, ya sea por nacimiento o por emigración.
El libro más leído del mundo, que llamamos la Biblia, y de vez en cuando al hacer una reflexión, nos encontramos con un maestro, a quien llamamos Jesús, que según los escritos de Juan, Mateo, Lucas y Marco propuso la construcción de una vida interior.
La vida interior que desde luego tiene que desarrollarse en un mundo, en una sociedad, un conglomerado de seres vivos, y en el desarrollo de esta construcción planteó como punto central el amor, ama a tu hermano que es como tú.
¿Pero qué ha pasado? Nadie ha hecho caso a esa realidad trascendente que eliminaría las guerras, las desigualdades, los vicios, el mal vivir, las enfermedades interiores.
Con este escrito quiero sugerir dos planteamientos:
Primero: que revisemos la construcción de nuestra vida interior, segundo: que desde nuestro hábitat empecemos unido a ese planteamiento de Jesucristo a practicar el amor.
Esa práctica será evaluada al final de tu último suspiro, no en el primer suspiro al llegar a este mundo, no en el último.
Y en esta evaluación entramos en una cuestión muy profunda, que analizaré en mi próximo escrito. Existe vida eterna o muerte eterna. Gloria o infierno.










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