Desde su espacio dedicado a la infancia, el Núcleo de Escritores de la Región Nordeste se complace en presentar un nuevo cuento del joven autor Daniel Sánchez, titulado Flor la envidiosa. Daniel Sánchez Muñoz, de tan solo 11 años, reside en San Francisco de Macorís y es hijo de Francisco Sánchez y Dianny Muñoz.
Flor la envidiosa
Érase una vez una muchacha llamada Flor. Era bonita, trabajadora, pero tenía un defecto grande: la envidia.
Sus hermanas mayores ya se habían casado: una con el señor Papa y la otra con el señor Conejo. Flor, al verlas felices, se decía a sí misma:
—Yo también quiero casarme, aunque me llamen envidiosa.
—Flor —le advirtieron sus hermanas—, la envidia no es buena consejera. Nadie puede ser feliz si vive comparándose con los demás.
Pero Flor no quiso escuchar. Insistió tanto que terminó casándose con un joven llamado Randyno Julián Refrescos, aunque en el pueblo todos lo llamaban simplemente el señor Caracol, porque caminaba despacio y siempre parecía ir con prisa al mismo tiempo.
Al principio, Flor estaba contenta. Pensaba que su envidia había quedado atrás, porque ya tenía lo que deseaba. Pero un día apareció la bruja Dorada, conocida como Wendy. Era una mujer de túnica morada, sombrero naranja y ojos negros como la noche. Llevaba en la mano una varita capaz de convertir a cualquiera en piedra.
—Por tu corazón lleno de envidia, quedarás convertida en estatua —dijo la bruja, y tocó a Flor con su varita.
En un instante, Flor se volvió piedra. El señor Caracol, al verla así, se asustó y la abandonó. Y aunque su cuerpo era duro como roca, de sus ojos caían lágrimas:
—¡Waaaaaaa! —lloraba Flor—. ¡Me dejó sola!
La bruja se reía:
—Ji, ji, ji, ji. Como piedra estarás para siempre.
Pero en el mismo reino vivía un mago llamado Canelo, de corazón noble y manos poderosas. Cuando supo lo que había pasado, buscó a la bruja y le dijo:
—Wendy, lo que has hecho no está bien. Cambia tu corazón, no uses tu magia para dañar.
La bruja no quiso escucharlo. Llamó a sus siervos oscuros y los lanzó contra el mago. Pero Canelo levantó un escudo brillante y ninguno pudo hacerle
daño. Finalmente, el mago y la bruja se enfrentaron en un combate duro y largo.
Con un movimiento firme de su varita, Canelo dijo:
—Que termine esta maldad.
La bruja desapareció en un humo dorado, dejando apenas la sombra de lo que fue. Entonces Canelo corrió hacia Flor y la tocó con su varita. Poco a poco, la piedra se convirtió en piel, y Flor volvió a la vida.
El señor Caracol, arrepentido, regresó a buscarla, y juntos prometieron vivir de otra manera. Flor, con voz humilde, reconoció:
—He aprendido que la envidia no trae nada bueno. Todo llega a su tiempo.
Y así, entre risas y perdón, vivieron felices, esta vez sin envidias.
Fin
Moraleja: Nunca seas envidioso. Lo que es tuyo llegará cuando deba llegar. La paciencia y la bondad siempre dan mejores frutos que la envidia.











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