En la República Dominicana se ha instalado, casi como un clamor silente, la necesidad de aplicar lo que la ley ya mandó: la indexación salarial. Desde el año 2017, el Estado dejó de ajustar, por inflación la base exenta del Impuesto sobre la Renta (ISR), tal como ordena el artículo 327 del Código Tributario. Esta omisión ha producido un efecto corrosivo: el salario nominal permanece, pero su poder de compra se reduce año tras año. Es decir, la gente trabaja igual o más pero alcanza menos.
Lo que hace que surja la pregunta incómoda, la que parece que nadie quiere formular en voz alta: ¿Por qué los grandes gremios del país la ADP, el Colegio Médico Dominicano, las asociaciones de enfermeras, FAPROUASD, ASODEMU y otros no están exigiendo con urgencia la aplicación inmediata de la indexación salarial?
¿Qué se dice cuando hablamos de indexación?
Indexar significa corregir, mediante ajuste por inflación, la distorsión que genera la subida de precios sobre el ingreso real. El economista Juan del Rosario lo explica con claridad: “Indexar una variable, en este caso el salario, no es más que corregir la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación.” (Hoy, 2023). Sin embargo, la escala del ISR permanece congelada desde 2017.
La exención mensual sigue en RD$34,685, cuando, según estimaciones técnicas, hoy debería rondar RD$52,000. El resultado es evidente: más trabajadores pagan impuestos; quienes ya pagaban, pagan más, pero ninguno recibe más capacidad adquisitiva a cambio. Esto es, evidentemente, una transferencia silenciosa desde el bolsillo del trabajador hacia el Estado. Un tributo oculto. Un ajuste disfrazado de normalidad.
La inflación no es una teoría: es un recibo
La inflación acumulada entre 2016 y septiembre de 2025 bordea el 48%, y entre 2020 y 2025 ronda el 31% (Acento, 2025). Esta escalofriante información no se siente en gráficos, se siente en la compra de alimentos, en el costo de transporte, en la medicina diaria. Es el profesor que ya no llega con liquidez a fin de mes. Es la enfermera que debe “buscarse algo más”. Es el médico que ve subir sus gastos operativos. Es el empleado público que, cada quincena, mira su salario y se pregunta dónde se fue.
Entonces, ¿por qué no se exige?
Podemos eludir la respuesta, pero sería un acto de cobardía social: Hay miedo a la confrontación, agendas fragmentadas y, en algunos casos, una peligrosa normalización de la pérdida de derechos. Sin embargo, el silencio nunca ha sido herramienta de dignidad.
El momento político es ahora
El país discute el presupuesto del próximo año. Ahí se decide quién gana y quién pierde; quién avanza y quién retrocede. La indexación no implica aumento salarial directo. No exige nuevas cargas al Estado. No requiere reforma fiscal; no nos dejemos engañar de la retórica del poder… La indexación es simplemente aplicar la ley. Y negar la ley es negar la ciudadanía.
El deber histórico
Los gremios no solo negocian salarios: protegen dignidad. La dignidad, cuando se posterga, se marchita. Por eso este no es un llamado menor. Es un llamado de época.
La indexación no es un privilegio, es justicia. La justicia se defiende, no se mendiga ¡El momento de luchar es ahora!
Referencias:
Hoy Digital. (2023). Indexación salarial: qué significa y cómo funciona. https://hoy.com.do/indexacion-salarial-que-significa-como-funciona/
Acento. (2024). Dominicanos castigados por la falta de indexación impositiva y salarial. https://www.google.com/amp/s/acento.com.do/economia/764592-dominicanos-castigados-por-la-falta-de-indexacion-impositiva-salarial-9574435.html
El Nacional. (2024). Sindicatos advierten sobre indexación salarial. https://elnacional.com.do/sindicatos-advierten-sobre-indexacion-salarial/











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