Entre las sombras del Cementerio Las Mercedes de San Francisco de Macorís se levanta, en silencio y abandono, el panteón donde reposan los restos de dos ilustres próceres de la historia dominicana: los generales Manuel María Castillo padre e hijo, héroes de la Guerra de la Restauración, quienes ofrendaron su vida por la soberanía nacional. En ese mismo espacio sagrado descansan también los restos de la destacada escritora Hilma Contreras, primera mujer en recibir el Premio Nacional de Literatura, y del doctor Luis J. Báez del Rosario, notable intelectual y ciudadano comprometido con su pueblo.
Sin embargo, la nobleza de esos nombres contrasta con la vergonzosa realidad del lugar donde descansan. Basura, hierbas crecidas, paredes agrietadas, restos de velas, envases y hasta objetos utilizados en ritos de vudú marcan hoy el entorno del panteón, transformándolo en un escenario de indignidad y olvido. Lo que debería ser un espacio de respeto, memoria y orgullo francomacorisano, se ha convertido en un reflejo de la desidia institucional y del abandono de nuestra identidad histórica.
El Ayuntamiento Municipal de San Francisco de Macorís, como principal responsable del mantenimiento del Cementerio Las Mercedes, tiene el deber moral y patriótico de preservar la memoria de estos héroes y figuras ilustres. No se trata solo de limpiar un espacio físico, sino de rescatar un símbolo de nuestra historia y dignificar los valores que representan. Permitir que el polvo, el abandono y las prácticas profanas cubran los nombres de quienes dieron gloria a la patria, es una afrenta a la conciencia colectiva del pueblo.
El panteón de los Castillo, de Hilma Contreras y del doctor Báez del Rosario debe ser un sitio de visita, respeto y enseñanza histórica, no un depósito de olvido. Es urgente que el Ayuntamiento, junto a las instituciones culturales y educativas, asuma una política de rescate y conservación de este espacio, promoviendo además su valor histórico y educativo para las generaciones presentes y futuras.
San Francisco de Macorís no puede seguir dándole la espalda a sus muertos ilustres. Mantener limpio y digno el lugar donde reposan es un acto de gratitud, civismo y respeto a la patria. Entre el olvido y las inmundicias, se apaga la memoria de los que nos dieron libertad y letras; es hora de encender la luz del reconocimiento y el compromiso histórico.











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