Querida fábrica de galletica humana, ¿cómo se le ocurrió a usted la genial idea de crear una fábrica para que la gente vieja tenga un útil terminar con su vida?, donando su cuerpo para la fabricación de una sabrosa galletica para humanos, y los residuos para animales, especialmente los gatos y los perros atendidos mejor que cualquier pobre.
También la fábrica recibe órganos, brazos, piernas, pene, vulva que no funcionen para colocarles prótesis con inteligencia artificial de alto costo, pero con facilidad de pago más humano y justo que los bancos, financieras y las llamadas cooperativas de servicios múltiples.
Un señor fue a la fábrica a donar su ano porque tenía hemorroides y la cirugía no la cubría su seguro de salud.
En la fábrica sólo firmó un documento de donar su cuerpo en caso de fallecer y la fábrica recuperará la prótesis del ano (culo) con inteligencia artificial y será utilizada en otro ciudadano rechazado por los malos seguros de salud.
Una señora que en su juventud era chapeadora se le dañó su vulva junto a los riñones y fue al departamento de psicología barrial de la fábrica y habló con la joven psicóloga que estaba recién graduada, pero salió de la universidad con magna cum laude. Y le preguntó a la señora: “¿Cuál es su problema?” Y dijo la señora: “Antes yo hacía pipí en chorro, pero ahora son puras lágrimas, como si fueran pequeñas tristezas. Y yo no tengo nada por qué llorar. Gracias a él, tengo un buen marido, buenos hijos, unos nietos maravillosos, solo una que es media tibia, esa tiene futuro y salió a mí.
Querida fábrica, sé que para donar el cuerpo completo en el departamento de psicología barrial hay que decir tres o cuatro razones para que su cuerpo se vuelva galletica, que no contamine el alma a los seres humanos que la van a consumir.
En mi caso la primera razón fue que he abandonado toda esperanza de vida de una sociedad donde la hipocresía, ser corrupto, doble moral, no ser honesto, son los instrumentos necesarios para llegar a ser rico. Y a mí me gustan los resultados de ser rico de una sociedad de mierda como esta. Pero sin pagar o poner en práctica los pecados capitales para ser rico.
Otra razón para donar mi cuerpo para la fábrica es que no quiero ser neutral en una sociedad basura donde nada sirve: ni los bancos, ni las financieras, ni las cooperativas de servicios múltiples, ni el gobierno, ni senadores, ni diputados, gobernadores, síndicos, regidores, etcétera, etcétera.
Querida fábrica de galleticas, me sigo preguntando por qué rechazan algunos individuos con deseo de suicidio, especialmente aquellos que su mujer los abandonó o el hombre la dejó por otra. A los corruptos, a los gay, a las lesbianas, los pedófilos, los zoofílicos y los religiosos que engañan a sus seguidores, a todos, no pueden volverse galleticas porque cambian su sabor, no saben a nada, ni huelen igual.
Son galleticas que envenenan el alma de quien las come.
Entonces, si ustedes son así de correctos, ¿por qué la fábrica está ubicada en el infierno y no en el cielo, donde están los buenos? Porque en el infierno no hay pecado, no hay castigo, sino educación correctiva.
Los individuos no se arrepienten, sino que cambian de conducta por aprendizaje. El infierno no es como lo pintan, es una dictadura con respaldo popular, como decía Juan Bosch antes de perder la memoria.
Aquí en el infierno no hay bancos, ni financieras, ni cooperativas de servicios múltiples donde el adulto mayor o geriátrico que pasa de 70 años, no tiene derecho a préstamo como los demás socios. Te la ponen difícil, pero en el infierno no importa la edad. Solo tu cuerpo es la única garantía para hacer galleticas para los enfermos.
En el infierno los hombres con hiperplasia prostática aguda se les regala una bombita sexual para el uso único de una sola mujer y a las mujeres una vulva plástica con inteligencia artificial de las que venden los chinos para el uso de un solo hombre; de lo contrario, la vulva plástica se cierra para siempre como si fuera la última Nochebuena.
Atentamente,
Manolo Bonilla, Desde el Cielo.











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