Innumerables son las motivaciones por las cuales el mercado elige el uso frecuente de los productos desechables, conducta que va en aumento con el transcurrir del tiempo.
Múltiples y variados son estos productos de un solo uso: vasos, platos, cubiertos, cucharas, cuchillos, servilletas, papel de baño, toallas sanitarias y otros tantos.
Te has preguntado alguna vez: ¿soy persona desechable?
No existe la posibilidad de haber sido concebido para permanecer al lado de otros seres humanos por un breve lapso, ser personas pasajeras, usados y tirados.
Es impensable que se sacrifique todo el potencial con el que contamos para ser entre otros de una larga duración.
Si nosotros tenemos ojos abiertos y controlamos: ira, rencor, dolor, egoísmo, envidia, indiscreción, maldad, odio, falta de honestidad, desenfreno, desequilibrio, cobardía, falta de amor al prójimo y otras tantas que nos arrastran a convertirnos en personas de un solo uso, provocando un ciclo de vida corto en nuestras relaciones interpersonales con los demás.
Cuando permitimos que estas dañen nuestra esencia al punto de lograr un estado de rechazo por otras personas, es como cuando percibimos un olor putrefacto, que al instante evitamos.
Así ocurrirá si permitimos ser desechados.
Al hacer esto los demás se colocan guantes simbólicos para no contaminarse.
Básicamente nuestras fallas descansan en ignorar el llamado que muchas veces nos hace nuestra conciencia.
Con este conocimiento identificado, tenemos una clara invitación a prestar atención al mandato al que esta nos alerta , a fin de evitar que la imperfección humana, el aire que respiran los que hacen caso omiso, e impedir ser lanzados en el zafacón por ser considerados personas desechables.











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