Autora: Mariely Minaya, Psicóloga Clínica. OPM, Ministerio de la Mujer, Provincia Duarte.
Una mujer es asesinada cada 40 horas en República Dominicana. Detrás de esta cifra brutal de feminicidios, publicada por UNICEF para 2024, existe un océano de dolor silencioso y no contabilizado: el de las sobrevivientes. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2 de cada 3 mujeres en el país han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida.
Este no es un dato lejano; es la vecina, la compañera de trabajo, la amiga que poco a poco se va apagando. Frente a la normalización sistemática de la agresión, muchas mujeres desarrollan mecanismos de defensa internos que, paradójicamente, las encarcelan aún más: la negación, la minimización y la habituación a lo intolerable.
En este ambiente tóxico, donde la violencia psicológica, verbal, económica, física, patrimonial y sexual se entrelazan, nace y se alimenta una de las manifestaciones más devastadoras: la depresión. Una depresión que, con frecuencia, no llora, sino que calla.
En mujeres víctimas de violencia, la depresión suele estar directamente vinculada al trauma. Se manifiesta en el miedo a hablar, la pérdida de interés por actividades significativas, síntomas psicosomáticos persistentes, sentimientos de culpa y desvalorización, así como en un estado permanente de alerta frente a nuevas agresiones.
Vivir bajo violencia de género e intrafamiliar convierte la existencia en un desgaste continuo.
Cada tipo de maltrato deja marcas profundas:
1. La violencia psicológica y verbal debilita la identidad.
2. La económica genera dependencia y sensación de encierro.
3. La física y sexual quiebran la seguridad corporal.
4. La patrimonial limita la autonomía futura.
Muchas mujeres no identifican estas vivencias como violencia, debido a procesos de normalización ejercidos por el agresor. Salir del círculo de violencia no es inmediato ni lineal. Es un proceso gradual que requiere información, apoyo y acompañamiento profesional.
El Ministerio de la Mujer de la República Dominicana, como organismo rector, tiene la misión de coordinar políticas para lograr la igualdad y el pleno ejercicio de la ciudadanía de las mujeres. El trabajo realizado desde las Oficinas Provinciales y Municipales (OPM) se orienta a:
1. La creación de espacios seguros y confidenciales.
2. La psicoeducación.
3. La evaluación del riesgo y elaboración de planes de seguridad.
4. El empoderamiento y la restauración de la autonomía.
5. El seguimiento y los referimientos oportunos.
La depresión en mujeres víctimas de violencia es un problema de salud pública con profundas raíces sociales. Escuchar los silencios, reconocer las señales y actuar con responsabilidad colectiva es un deber impostergable.
A toda mujer que hoy vive en silencio y desesperanza: su dolor es válido, tiene explicación y tiene salida. Buscar ayuda es un acto de fortaleza. En el Ministerio de la Mujer y en la red de servicios aliados, encontrarán acompañamiento profesional para recuperar la voz y la vida.











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