Desde su espacio dedicado a la infancia, el Núcleo de Escritores de la Región Nordeste se complace en presentar un nuevo cuento del joven autor Daniel Sánchez, titulado La pesadilla de Navidad.
La pesadilla de Navidad
Carlitos Medina Reyes era el hermano mayor. Después venía Lucio Reyes Jiménez y, el más pequeño de los tres, Yadrick Medina Reyes. Vivían juntos y, como casi todos los niños, esperaban la Navidad con una ilusión que no les cabía en el pecho.
Ese año estaban seguros de que Papá Noel no fallaría. Por eso escribieron sus cartas con cuidado y las colocaron en el árbol, bien dobladas, como quien guarda una promesa.
—También hay que dejar dulces y leche —dijo Lucio—, para que Santa se anime a dejarnos los regalos.
Yadrick asintió con la cabeza, y Carlitos recordó que, para que todo saliera bien, había que dormir temprano. Así que se acostaron, y la casa quedó en silencio.
Cooooozzz…
Cooooozzz…
Cooooozzz…
Fue entonces cuando Carlitos soñó.
En el sueño, al amanecer, los regalos no eran juguetes sino una bomba que estallaba con un ruido seco: ¡Bum!
Después apareció una sombra junto a una puerta marrón. No hablaba, pero copiaba cada paso que daban los niños. Aquella sombra creció y se volvió un monstruo oscuro que parecía romperse cada vez que tocaba el suelo.
Yadrick quiso correr, pero una planta hecha de sombra salió de la tierra y lo atrapó. Luego una sábana se endureció como piedra y lo envolvió. Lucio gritó cuando tentáculos negros salieron del suelo y lo sujetaron con fuerza. Todo era miedo y llanto.
Carlitos lloraba también, sin saber qué hacer.
Entonces despertó.
Abrió los ojos y vio el techo de su cuarto. Su corazón latía rápido. Se tocó las manos y respiró aliviado.
—Puf… solo fue un sueño —dijo en voz baja.
Ya era de día. Lucio y Yadrick se levantaron contentos y corrieron hacia el árbol.
—Vamos —le dijeron—. Los regalos no son bombas. Eso fue solo una pesadilla.
Carlitos dudó un momento, pero al abrir su paquete encontró lo que había pedido: un teléfono para llamar a
las personas que quería. Lucio recibió una tableta y Yadrick una bicicleta.
—¡Sí! —gritaron los tres al mismo tiempo.
La casa se llenó de alegría. Ese día, en el nacimiento de Jesús, el aire olía a Navidad. Había paz en las palabras, calma en los corazones y risas de niños que jugaban sin miedo.
Carlitos entendió entonces que los sueños feos se van cuando llega la luz, y que la Navidad no debe mancharse con temor, sino vivirse con esperanza.
Moraleja
Que nada empañe la esencia de la Navidad. Disfruta su paz, su alegría y la hermosura de compartir.











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