En El fabulador, el poeta dominicano Mateo Morrison no propone un simple ejercicio literario, sino una toma de posición ante la vida. El poema no gira en torno a la mentira ni al engaño, sino a una verdad más profunda: la que el ser humano construye para poder habitar el mundo sin claudicar ante su dureza.
El hablante poético se declara fabulador sin culpa. No se excusa ni se justifica. Asume la fabulación como un acto consciente, casi necesario, frente a una realidad que muchas veces resulta insuficiente, injusta o incompleta. En ese gesto hay una ética clara: no toda verdad es un dato frío; hay verdades que nacen del vivir, del resistir y del reinterpretar la experiencia.
Desde el punto de vista compositivo, el poema se sostiene en una voz en primera persona que no impone, sino que se expone. No hay grandilocuencia ni exceso retórico. El lenguaje es sobrio, medido, reflexivo. Cada verso parece avanzar como un pensamiento que se va revelando mientras se dice, lo que dota al texto de un ritmo interior pausado, casi meditativo.
Morrison no busca la musicalidad ornamental ni la forma cerrada. Prefiere una estructura libre, coherente con el acto mismo de fabular: flexible, humana, abierta. El poema piensa, más que declamar. Y en ese pensar involucra al lector, invitándolo a reconocer sus propias ficciones necesarias, aquellas que no niegan la realidad, pero la hacen vivible.
En El fabulador, la verdad no aparece como dogma ni como revelación externa. Se presenta como construcción existencial. No es casual que el poema dialogue, sin nombrarlos, con corrientes como el existencialismo o la logoterapia: el sentido no se recibe, se crea. Y crear sentido es, en definitiva, una forma de responsabilidad personal.
Este poema confirma a Mateo Morrison como un autor que escribe desde la madurez, sin necesidad de demostrar destreza técnica. La domina. Su fuerza está en la serenidad de quien ha comprendido que la poesía no siempre debe cantar, sino acompañar.
El fabulador no pretende convencer. Pretende algo más difícil: ofrecer un espejo donde cada lector pueda reconocerse en su propia manera de narrarse la vida para seguir adelante.











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