Por: Carmen Guillermina De Jesús Bruno
Reconocer el miedo a ser uno mismo, comprender su origen y comenzar a liberar esas creencias que limitan la autenticidad.
A veces, el miedo más grande no es fracasar…es mostrarnos tal como somos.
¿Qué cosas de mí evito mostrar a los demás?
¿A qué le tengo miedo si soy realmente yo?
¿Quién me enseñó, directa o indirectamente, que no podía ser yo mismo/a?
¿En qué momentos de mi vida dejé de sentirme libre para ser quien soy?
Es el miedo a no ser aceptados,
a que nuestra verdad incomode,
a que nuestras heridas queden al descubierto.
Entonces, aprendemos a escondernos,
a adaptarnos, a complacer…
y poco a poco, dejamos de reconocernos.
Ser uno mismo implica valentía.
Implica soltar las máscaras que un día nos protegieron,
pero que hoy nos limitan.
Implica decir “este soy yo”,
aunque la voz tiemble.
Porque cuando dejamos de fingir,
comenzamos a sanar.
Y aunque al inicio da miedo,
también trae una libertad inmensa:
la de vivir en coherencia,
la de elegirnos,
la de honrar nuestra esencia.
Tal vez no todos se queden…
pero los que lo hagan,
lo harán por quien realmente eres.
Y eso… eso sí es amor verdadero.
“Ser tú puede dar miedo…
pero dejar de serlo duele aún más.
Hoy eliges volver a ti.”











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