No podemos dejar de hablar del DELIRIO DE PARASITOSIS del que tuvimos algunos casos aunque no es una entidad frecuente.
Generalmente son pacientes mayores que consultan por la absoluta convicción de que están infestados de parásitos; estos les caminan por todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, o les salen por los orificios corporales.
Suelen llevar como su testimonio cajitas, que en realidad contienen trozos de piel o de cabellos. Estos pacientes nunca admitirán que es infundada su convicción de que en realidad no tienen parásitos.
Al diagnostico llegará el dermatólogo por supuesto después de una elaborada historia clínica y un no menos meticuloso éxamen físico.
Como es un delirio, no hay razonamiento lógico ni científico que pueda demoler dicho convencimiento. Es rotundo y tajante el rechazo a cualquier sugerencia de recabar ayuda del psicólogo o psiquiatra; proseguirá el largo viacrucis buscando una inexistente solución en escabicidas, antiparasitarios, sustancias cáusticas, etc.
Hay tratamiento para el delirio de parasitosis; que no es simple ni breve y que requiere del médico mucha benevolencia, comprensión, paciencia y dedicación.
Y ya que estamos en el área de patologías psicosomáticas hablaremos algo de las NEURODERMATITIS, que son unas placas que se localizan habitualmente en la nuca, los miembros inferiores y los genitales.
En ellas la piel ha experimentado un notable engrosamiento por el rascado continuo, crónico, incontrolable y a veces paroxístico. No vale que el paciente trate de controlar los impulsos de rascarse; tarde o temprano lo hará, lo que produce la liquenificación (esto es, el engrosamiento reactivo de la piel).
Estos pacientes o están muy ansiosos, o sometidos a situaciones de presión extrema por la necesidad o urgencia de tomar decisiones de importancia vital para ellos o sus familiares.
En mi experiencia algunas de las circunstancias más comunes que enfrentan los pacientes están relacionadas con: emigrar o no del país; romper una relación de pareja en que haya un fuerte compromiso social o afectivo; vender o adquirir inmuebles que impliquen una significativa cantidad de dinero, rupturas de lazos comerciales o deudas onerosas o prácticamente impagables, etc, etc. Como sabemos, todos reaccionamos ante las presiones de formas muy distintas; todos también tenemos el deber de buscar formulas sabias y saludables para manejarlas. Y al atenuar nuestras presiones, iremos disminuyendo nuestra compulsiva necesidad de rascarnos. Continuará…











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