En momentos en que el mundo atraviesa tensiones geopolíticas de alto impacto, como el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, las economías emergentes y dependientes como la de la República Dominicana sienten con mayor intensidad los efectos colaterales. El incremento en los precios del petróleo, la volatilidad de los mercados internacionales y la presión inflacionaria son solo algunas de las consecuencias que ya comienzan a reflejarse en el bolsillo del ciudadano común.
En este contexto, el presidente Luis Abinader ha planteado la necesidad de asumir un sacrificio económico colectivo para enfrentar los efectos de esta crisis internacional. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿debe ese sacrificio recaer únicamente sobre los ciudadanos?
Si bien es cierto que en tiempos difíciles todos debemos aportar, también es necesario que ese esfuerzo sea equitativo y proporcional. No se puede pedir austeridad a quienes ya viven con limitaciones, mientras sectores altamente rentables continúan obteniendo beneficios sin ningún tipo de ajuste o contribución extraordinaria.
En ese sentido, resulta pertinente abrir el debate sobre el rol de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Estas entidades gestionan los ahorros de millones de trabajadores dominicanos y, año tras año, reportan beneficios significativos derivados precisamente del esfuerzo laboral de esos mismos ciudadanos.
Ante la actual coyuntura, sería razonable y justo considerar la liberación de al menos un 10% o 20% de los beneficios que obtienen las AFP, como una medida extraordinaria y temporal. Esta acción no solo permitiría aliviar la carga económica de la población, sino que también fortalecería la confianza en el sistema, al demostrar que las ganancias no están desvinculadas del bienestar de quienes las generan.
No se trata de afectar la sostenibilidad del sistema de pensiones, sino de encontrar un equilibrio entre rentabilidad y responsabilidad social. En momentos de crisis, la solidaridad no debe ser un discurso, sino una práctica concreta que involucre a todos los sectores: gobierno, sector privado y ciudadanía.
El sacrificio compartido no es solo una consigna; es una necesidad moral y económica. Si todos aportamos, todos debemos también beneficiarnos, especialmente cuando se trata de recursos que provienen directamente del trabajo del pueblo dominicano.
La historia ha demostrado que las naciones que superan las crisis son aquellas que logran cohesión social y justicia en la distribución de las cargas. Hoy, más que nunca, es momento de actuar con visión, equidad y compromiso colectivo.











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