NUEVA YORK. Bad Bunny acaparó la atención de la Met Gala 2026 al llegar a la alfombra como una versión envejecida de sí mismo, en una propuesta conceptual que confrontó el paso del tiempo, la identidad y la representación del cuerpo dentro de uno de los escenarios culturales más influyentes de la moda internacional. (Vogue)
El artista puertorriqueño, ganador de seis premios Grammy, asumió la noche como una intervención visual de alto impacto, utilizando su presencia en la gala para proyectarse 50 años en el futuro mediante una transformación hiperrealista trabajada con prótesis faciales, de cuello y manos.
Mike Marino construye una versión futura de Benito
La transformación estuvo a cargo de Mike Marino, reconocido maquillador de prótesis, quien desarrolló cada arruga, textura y detalle físico tras una conversación con Benito Antonio Martínez Ocasio sobre cómo el paso del tiempo podría marcar realmente su rostro.
El resultado evitó el exceso teatral y apostó por una lectura realista del envejecimiento, con una caracterización que permitió al artista trasladar el concepto de la noche desde la moda hacia una reflexión sobre permanencia, memoria e identidad.
Un esmoquin negro con lectura escultórica
Para la ocasión, Bad Bunny vistió un esmoquin negro de diseño propio, desarrollado en colaboración con Zara, acompañado de una camisa negra a medida y un lazo escultural de gran formato.
La pieza incorporó un guiño al icónico vestido “Bustle” de Charles James, creado en 1947 y parte de la colección permanente del Costume Institute. La silueta, completamente negra y atemporal, reforzó la intención central del concepto: el traje permanece, mientras el cuerpo envejece.
El estilismo se completó con joyería Cartier, incluido un reloj de archivo de 1995, que añadió una referencia temporal adicional a la narrativa visual del conjunto.
Una de sus apuestas más ambiciosas en la gala
La aparición de Bad Bunny se perfila como una de sus propuestas más ambiciosas en la Met Gala hasta la fecha, al combinar moda, prótesis, performance e identidad cultural en una sola declaración estética.
Con esta intervención, el artista volvió a utilizar la alfombra del evento como una plataforma de experimentación, llevando su imagen pública hacia un territorio más introspectivo y conceptual.










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