Hay decisiones con las que se puede estar de acuerdo y otras que más bien nos invitan a una reflexión. En el caso de las recientes sanciones anunciadas por la Liga Nacional de Baloncesto (LNB), a los jugadores Richard Bautista (Manito) y Jassel Pérez (El Rey del Pop) así como al comentarista deportivo Manuel Reyes (Marega) entendemos que no todos los casos deben ser colocados en el mismo saco.
Cuando una persona realiza una acusación que pueda poner en duda la integridad de una competencia, la liga tiene el deber de actuar, investigar y proteger la credibilidad de su producto. Por esa razón, entendemos la posición asumida en el caso de Jassel Pérez, ya que sus declaraciones tocaron un tema extremadamente sensible para cualquier torneo profesional.
Sin embargo, creemos que el caso del comunicador deportivo Manuel Reyes (Marega) merece una lectura diferente. Expresiones como “el miedo es libre”, sin mencionar directamente a la liga, a sus directivos o a ninguna persona en particular, forman parte de los comentarios y opiniones que diariamente se generan alrededor del deporte. Son frases abiertas a interpretación, pero difícilmente pueden ser colocadas al mismo nivel que una acusación directa.
Como comunicador deportivo, me solidarizo con Manuel Reyes, y no se trata de una defensa basada en amistad, cercanía o coincidencia de criterios, se trata de defender un principio que nos involucra a todos, porque hoy fue a Marega, mañana podría ser cualquier periodista, comentarista, creador de contenido, narrador, analista o incluso hasta un fanático que exprese una opinión sobre una decisión deportiva.
Aceptar sin cuestionamientos una sanción por un comentario tan general podría ser peligroso, eso podría abrir la puerta a un precedente que no favorece a nadie, el deporte necesita reglas, disciplina y respeto, pero también necesita espacios para la crítica, el análisis y la libre expresión de ideas.
Este también debe ser un momento de reflexión para el gremio de la comunicación deportiva, podemos tener diferencias de criterios, estilos y opiniones, pero cuando se trata de principios fundamentales que impactan el ejercicio de nuestra labor, deberiamos ser capaces de mirar más allá de los intereses u opiniones personales, y anteponer el bien colectivo y el derecho de nuestro ejercicio
La fortaleza de una liga no se mide únicamente por su capacidad para sancionar, sino también por su capacidad para convivir con las opiniones, las críticas y los debates que genera su propio crecimiento.
El baloncesto dominicano seguirá avanzando mientras exista respeto entre todos los actores involucrados. Respeto para competir, respeto para dirigir, respeto para comunicar y, sobre todo, respeto para opinar.











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