El Estado norteamericano, quizás hoy conducido por la cúpula más extremista de la ultraderecha, no encuentra qué inventar en su maníaco e histórico delirio por querer legitimar una nueva y más compleja agresión contra el soberano pueblo cubano y sus autoridades. En el actual contexto donde la doctrina Monroe de “América para los americanos” o mejor dicho estadounidenses se implementa por un lado y se trata de imponer por otro con el mayor descaro jamás conocido, procura allanar el camino en la opinión pública internacional, a los fines de llevar a cabo una directa agresión militar a la soberanía, el pueblo y Estado cubano.
La acusación que el Departamento de Justicia de Estados Unidos de Norteamérica levanta contra el exministro de Defensa y expresidente de la nación cubana, Raúl Castro, raya en lo ridículo y la repugnancia. Los EE.UU. no conforme con el sufrimiento que han causado a la población cubana con sus criminales medidas de embargos, sanciones, bloqueos, incluido amenazas a terceros Estados para que no se atrevan a comercializar ni siquiera solidarizar con el hermano pueblo de Cuba, ahora fabrica un expediente contra Raúl Castro acusándolo del derribo de dos (2) aeronaves con sus cuatro (4) pilotos en 1996, conspiración para matar ciudadanos estadounidenses, entre otras payasadas.
Lo único real en todo ese legajo para satisfacer la gusanera cubana de Miami, fue el derribo de las dos (2) avionetas por la sistemática y flagrante violación al espacio aéreo cubano con fines terroristas. Llegaron tan lejos en su atrevimiento y provocación que volaron las naves aéreas encima y bien bajo sobre La Habana. Semanas antes las autoridades cubanas les habían comunicado y advertido a sus homólogas estadounidenses sobre estas frescuras acciones.
Callaron y no actuaron. La acusación contra uno de los lideres históricos de la revolución cubana, Raúl Castro, es la misma narrativa publicitaria con otra envoltura. (Esperen pronto un expediente contra el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, si mantiene su postura contra Israel y su genocidio en Gaza).
El Estado norteamericano vive acusando a otros Estados y personajes de los que él es el primero: terrorismo de todo tipo; narcotráfico; crímenes internacionales; promotor y ejecutor de golpe de Estado contra gobiernos democráticamente electos por su respectiva población (Juan Bosch, Salvador Allende y otros); durante los años de las décadas del 50 al 70 del pasado siglo, sembraron de dictaduras a casi toda Latinoamérica; agrede a toda nación, pueblo y gobierno que no se le arrodillen; es el único en la historia en lanzar dos (2) bombas atómicas contra dos (2) ciudades japonesas altamente pobladas: Hiroshima y Nagasaki; encubrieron a los agentes de la CIA involucrados en la voladura de un avión comercial de matricula cubana donde perecieron 73 personas, entre ellas, 24 jóvenes esgrimistas, hecho ocurrido en octubre de 1976.
El sacerdote de origen puertorriqueño Luis Barrios en su libro “Coquiando” nos dice: “son de conocimiento público las estrategias escabrosas y desvergonzadas que diferentes gobierno de los EE.UU. han llevado a cabo a través de la historia. Existe un patrón de injusticia, abuso de poder, genocidios, crímenes contra la humanidad, y por qué no holocaustos, en donde algún día tendrán que dar cuentas”.
Estados Unidos de Norteamérica tiene por delante dos caminos: se incorpora o reincorpora al respeto del derecho internacional y otras reglamentaciones, contribuyendo con el equilibrio y la paz universal o provoca una tercera guerra mundial que sería catastrófica para toda la humanidad, dada las poderosas y sofisticadas armas y tecnologías hoy existentes. Esperemos que renuncie a su cultura de abusos y guerrerismo y deje de ser la principal amenaza a la paz global.
¡Las acusaciones contra Raúl Castro es otra de las tantas fábulas norteamericanas!











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