Comienzo diciendo que la fe significa confiar, confiar en qué, en la realización de un proyecto, en la victoria de un equipo, en el logro de un objetivo, en fin, confiar. Pero esa confianza arrastra un proceso, un sacrificio que tiene que realizarse para lograr obtener lo que te propones. No nos dicen la verdad cuando plantean que la fe es creer en lo que no vemos, esto responde a una acción mágica que busca trasladar la responsabilidad de un cristiano a la ineficacia de la praxis evangélica planteada por Jesucristo en su vida por la tierra. Un verdadero proceso de fe debe llevarnos a un compromiso que, vivido en libertad, genere acciones integralmente liberadoras. Ese proceso debe tener como baluarte la verdad.
Si buscamos tener una verdadera fe cristiana, debemos hacer un proyecto vivencial que anuncie esa verdad como única fuente de redención.
El compromiso de tener una fe cristiana no se reduce a religiosidad mágica, colmadas de hechos que hagan visualizar intereses ajenos a la proclamación y vivencia del Evangelio: Privilegios, fortunas, búsqueda de poder, alianzas demoníacas, confabulaciones con poderes oscuros, silencio ante lo injusto, miedo a decir verdad por no ofender el poder que destruye y mansilla la sociedad de los más necesitados en fin denegación del proyecto planteado por Jesús.
Entonces, desde esa perspectiva nos preguntamos: ¿hay fe en el pueblo cristiano? cuando no somos capaces de hacer un llamado con una renuncia a los poderes fácticos negativos que bien San Pablo enumeró como una lucha espiritual diabólica. Yo pienso que la lucha por la salvación eterna radica como acción primaria en cumplir con el mandato de sacudir conciencias, sacudidas que deben formularse desde el ejemplo de quienes la proclaman. Todos los días nos quejamos de eso, la teoría de que esto está mal, de que no se hace esto o aquello, pero usted y yo que hacemos, tomemos la iniciativa. Veo con pena un sacramentalismo ilusorio que puede desconectarnos de la búsqueda de la esencia. El bautismo es un signo que ha de conducirnos a un verdadero proyecto de común unión. Es verdad que necesitamos gracia de Dios, pero no llegaría si tu vida antes no valora lo que Él te pide cada día: fraternidad, amor al hermano necesitado, unidad para enfrentar el mal, verdad, alegría, sacrificio, fe en el proyecto de liberación cristiano verdadero.
Humildemente propongo un Congreso Nacional de todos los cristianos, no importando su denominación, que en realidad la división no es por el Evangelio, para analizar y proponer un camino de luz a esta sociedad dominicana afligida por tanto mal. Con ello podemos resaltar que nuestra fe nace del evangelio.










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