El profesor Franklin Almanzar Acosta, comparte su opinión sobre la evaluación docente con su artículo titulado:
¿Masacre deliberada o falla sistémica?
Cuando miles de profesionales preparados obtienen resultados inesperadamente bajos en una misma evaluación, la pregunta no debería ser únicamente quién falló, sino también qué pudo haber fallado en el proceso.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido con la quinta etapa de la Evaluación del Desempeño Docente.
Los resultados obtenidos por un gran número de maestros, coordinadores pedagógicos y psicólogos escolares han provocado desconcierto y ha abierto un debate que merece ser abordado con seriedad. Resulta difícil comprender que tantos profesionales, con años de experiencia y preparación, hayan coincidido en calificaciones tan bajas.
Nadie puede afirmar que exista una intención deliberada detrás de estos resultados. Sin embargo, sí es legítimo plantear preguntas cuando un proceso genera más dudas que certezas.
¿Las respuestas consideradas correctas eran realmente las únicas posibles frente a situaciones pedagógicas complejas? ¿Se valoró adecuadamente el razonamiento profesional o se descartaron interpretaciones igualmente válidas? ¿Los criterios de calificación fueron lo suficientemente claros y transparentes? Incluso, ¿es posible que existan errores metodológicos o técnicos que expliquen resultados tan atípicos?
La quinta etapa representa un componente importante de la evaluación final. Por ello, cuando una cantidad tan significativa de participantes obtiene puntuaciones muy por debajo de lo esperado, surge una inquietud inevitable: ¿está el propio diseño de esta etapa dificultando que un mayor número de docentes alcance la categoría de excelencia? Es una interrogante que solo las autoridades pueden despejar con transparencia y evidencias.
Más allá de las respuestas que puedan surgir, hay algo que no debe perderse: la confianza y la motivación de quienes cada día sostienen el sistema educativo desde las aulas, los departamentos de orientación y las coordinaciones pedagógicas.
A los maestros, coordinadores y psicólogos escolares les digo que una calificación nunca podrá resumir el valor de su trabajo. Ninguna prueba puede medir el impacto de una palabra de aliento, de una clase bien preparada o del esfuerzo por cambiar la vida de un estudiante.
«Porque la historia nunca recuerda la calificación que obtuvo un maestro en una evaluación; recuerda a los maestros que transformaron vidas. Y mientras exista un estudiante esperando aprender, siempre habrá un docente cuya verdadera excelencia no podrá medirse únicamente con un puntaje.»
Por eso, no permitan que este resultado disminuya su compromiso. Continúen preparándose, creciendo y entregando lo mejor de ustedes. Porque, al final, los estudiantes siguen siendo la verdadera razón de nuestra vocación y el mejor indicador del éxito de un docente.











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