La Liga Nacional de Baloncesto no solo dio un paso importante con la incorporación de una nueva franquicia, Heroes de Moca, sino que también siguió demostrando la madurez que ha alcanzado su proyecto al comenzar a ver cada vez más historias de relevo generacional dentro de la propia competencia.
Con el debut de Bryce Báez con los Reales de La Vega, la LNB llegó a tres (3) parejas de padre e hijo que han participado en la liga. Un dato que parecía lejano cuando nació el torneo en 2005, pero que hoy refleja que los hijos de quienes compitieron y ayudaron a construir la liga ya comienzan a escribir su propia historia dentro de la misma.
La primera pareja fue la de Luis Nelson Ferreira y Luismal Ferreira, ambos defendiendo la franquicia de San Francisco de Macorís en distintas generaciones, también aparece la de Richard Ortega y Richard Ortega Jr., quienes igualmente vistieron el uniforme de esa organización, y a ellos se sumó en esta temporada la pareja de Eulis Báez y Bryce Báez, con el debut del joven jugador durante la presente temporada con Reales de La Vega, aunque su padre defendió otros colores en otra franquicia como la de Leones de Santo Domingo.

Algo bonito es que todo indica que la lista seguirá creciendo, porque nombres como Hansel Salvador Jr., hijo del exjugador y campeón Hansel Salvador, o “Pimpollo” Martínez, hijo del exjugador Marlon Martínez, representan lo que podría ser las siguientes parejas de padres e hijos en ver acción como jugadores en la liga nacional Dominicana.
Pero el relevo generacional no solo se refleja entre los jugadores.
La liga también ha visto cómo ese legado familiar llega a otras funciones. Osiris Duquela y Julio Duquela se convirtieron hace varios años en la primera pareja de padre e hijo en dirigir en la LNB, y ambos inclusive alcanzaron el reconocimiento de Dirigente del Año, un hecho que habla del impacto de una misma familia desde el banquillo.
Otro ejemplo reciente es el de César Saint-Hilaire y Allan Saint-Hilaire, quienes actualmente son Gerente y entrenador asistente de Metros de Santiago, demostrando que el legado también puede continuar desde las oficinas.
Estos son detalles que quizás pasan desapercibidos en medio de la competencia, pero que reflejan el crecimiento natural de una liga que ya supera las dos décadas de existencia. Hoy la LNB no solo produce campeones y figuras, sino también generaciones que siguen el camino abierto por sus padres, fortaleciendo la identidad y el sentido de pertenencia de una competición que continúa escribiendo su historia y de la cual todos debemos sentirnos orgullosos.












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