Si queremos prevenir la violencia contra las mujeres, tenemos que comenzar mucho antes de que aparezca la primera amenaza, el primer golpe o el primer feminicidio.
Tenemos que comenzar en casa.
Porque nuestros hijos no nacen sabiendo amar. Aprenden observando, escuchando y viviendo los modelos de relación que les mostramos.
Por eso necesitamos preguntarnos: ¿qué estamos enseñando cuando hablamos de amor?
¿Les enseñamos que amar es cuidar o controlar?
¿Que los celos son una prueba de amor?
¿Que un hombre debe mandar y una mujer obedecer?
¿Que insistir después de un “no” demuestra interés?
¿O les enseñamos que amar también significa respetar la libertad, los límites y las decisiones del otro?
Educar para amar en libertad significa enseñarles a nuestros hijos que una pareja no es una propiedad. Que nadie tiene derecho a decidir cómo debe vestir, con quién puede hablar, dónde puede estar o qué puede hacer la persona que ama.
Significa enseñarles que podemos sentir celos sin convertirlos en control; sentir rabia sin convertirla en violencia; sufrir un rechazo sin convertirlo en una amenaza.
Y también significa enseñarles a nuestras niñas que no tienen que soportar el control para demostrar amor. Que pueden decir “no”, poner límites, terminar una relación y elegir su propio camino sin sentirse culpables.
Necesitamos educar niños y niñas emocionalmente preparados para relacionarse desde el respeto, la igualdad y la libertad.
La prevención comienza cuando enseñamos que una relación sana no se construye desde el miedo a perder al otro, sino desde la libertad de elegir permanecer juntos.
Porque amar de verdad no significa tener a alguien.
Significa poder decir: “Te elijo”, sabiendo que tú también eres libre de elegirme o no.
Y quizás esta sea una de las enseñanzas más importantes que podemos dejarles a nuestros hijos:
No queremos criar hombres que sepan controlar a una mujer; queremos criar seres humanos capaces de amar a una persona libre.
Y recordemos también:
No podemos construir relaciones saludables si seguimos educando niños para dominar y niñas para soportar.
La transformación comienza en casa. Y cada familia que educa desde el respeto, la igualdad y la libertad está ayudando a construir una sociedad donde amar no signifique poseer, controlar ni dominar.
Educar para amar en libertad también es educar para vivir sin violencia.











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