El IMAE* acumula 4.5% en 2026 y los comerciantes hablan de demanda en caída libre. No hay que elegir un bando: el país crece por minería, construcción, zonas francas y turismo; el mostrador y las mesas de las casas viven en otra economía.
*Indicador Mensual de Actividad Económica
Hay una frase que se repite en colmados, ferreterías, almacenes de provisiones y mesas de restaurantes de Santo Domingo y el país: «no hay dinero en la calle». Al mismo tiempo, el Banco Central informa que el IMAE creció 4.6% interanual en julio y acumula 4.5% en los primeros siete meses de 2026, más del doble del 2.1% de todo 2025. La tentación es elegir: o las autoridades maquillan la realidad, o los comerciantes y consumidores exageran. El diagnóstico más honesto es otro. El país no vive una sola economía. Vive dos. Una es la de los grandes agregados económicos: minas, obras, zonas francas, bancos y hoteles que reciben turistas. La otra es la de la factura promedio, el inventario que no rota y el local que apaga las luces. El IMAE mide la primera. El comerciante y las familias habitan en la segunda.
El dato de julio no es ficticio. Tampoco es un crecimiento de todos. El indicador lo empujaron, sobre todo, la construcción (8.1% en julio y 14.9% en junio), las zonas francas, los servicios financieros (8.4% en julio; 13.1% en junio) y, con altibajos, la minería, que saltó 18.1% en junio y se contrajo 15.9% en julio. En junio, la construcción sola explicó cerca del 30% de la expansión. El rubro de hoteles, bares y restaurantes también aparece en verde —5.6% en julio—, pero esa cifra no describe al restaurante de Piantini ni el bar de la avenida Venezuela. Describe, en buena medida, al turismo: 961,682 pasajeros aéreos en julio (+6.7%) y más de 5.8 millones en enero-julio (+9.4%). El valor agregado de un “all-inclusive” en Punta Cana y el de un restaurante que vive del cliente dominicano no son el mismo mercado, aunque compartan partida estadística. Mientras tanto, el comercio —el sector que sienten mayoristas y detallistas— creció apenas 1.9% en el primer trimestre, frente a 4.1% un año antes. El consumo privado avanzó 2.9%, por debajo del PIB de ese trimestre (4.1%). La economía se recupera más por inversión, exportaciones y visitantes internacionales que por lo que compra el hogar promedio. Y el bolsillo no acompaña al IMAE: la inflación interanual fue 5.47% en julio, por encima del techo de la meta del Banco Central. Los alimentos subieron 6.75% y el grupo de restaurantes y hoteles, 8.15%. Cuando el salario o las remesas no compensan del todo, la familia recorta primero lo prescindible: comer fuera, el bar del fin de semana, el electrodoméstico, la compra en la ferretería que puede esperar.
Las remesas se incrementaron: más de 7,316 millones de dólares entre enero y julio, un 6.4% más que en 2025. Pero un peso más firme reduce lo que rinde cada dólar en moneda local. El crédito privado crece —el destinado a construcción subió 18.2% interanual a julio— y eso alimenta obras, no necesariamente el consumo de calle. El resultado es una recuperación que se ve en las grúas telescópicas en Piantini o Punta Cana, especialmente en los hoteles, y se siente poco en la caja registradora y en los bolsillos de las familias. Por eso la lista de cierres recientes no contradice el IMAE: lo precisa. El dueño de un restaurante local enfrenta alquileres altos, insumos caros, electricidad inestable, competencia de “deliverys” e informales, y un público que sale menos o gasta menos cuando sale. A eso se suman cambios de hábitos posteriores a la pandemia, una oferta más densa peleando por los mismos clientes y, en bares y discotecas, restricciones que el gremio nocturno denuncia como asfixiantes.
En el caso de los negocios de diversión, hay, además, destrucción creativa. Cierran unos y abren otros: Restaurant Week 2026 moviliza más de 200 restaurantes en cinco destinos. Eso no consuela a quien apaga el letrero, pero explica por qué el agregado del sector puede subir mientras la geografía de la noche capitalina y del país se encoge. El indicador captura ocupación hotelera y gasto turístico. El comerciante captura sillas vacías un miércoles a las nueve. La brecha se entiende mejor si se ponen lado a lado los dos termómetros.
| Lo que mide el BCRD | Lo que siente el comerciante |
|---|---|
| Valor agregado de minería, obras, zonas francas, bancos y hoteles turísticos | Flujo de clientes y tickets promedio en el local |
| Turismo internacional y exportaciones | Demanda de hogares dominicanos |
| Crecimiento real del Producto Interno Bruto | Poder de compra erosionado por precios |
| Promedio nacional y sectores de alto valor | Comercio tradicional y gastronomía local |
No hay que elegir entre «el Banco Central miente» y «los comerciantes exageran». Ambas lecturas pueden ser simultáneamente verdaderas. El agregado crece porque unos pocos sectores grandes tiran del indicador. El comercio tradicional y la gastronomía local viven un ajuste de costos, competencia y demanda débil. Los gremios ya venían advirtiendo caídas de ventas en 2025, sobre todo en electrodomésticos y ferreterías, coherentes con un comercio formal que avanza poco en volumen real, aunque las recaudaciones nominales de ITBIS suban por efecto de precios.
Ese patrón tiene un nombre poco elegante: recuperación desbalanceada. Mientras el crecimiento siga sesgado hacia la construcción, la minería, las finanzas y el turismo de no residentes, es perfectamente posible que el IMAE se mantenga cerca de 4% o 4.5% y que, al mismo tiempo, comerciantes y dueños de restaurantes sigan hablando de mostradores fríos. El milagro estadístico y la caja registradora vacía no se contradicen. Conviven. La pregunta útil, entonces, no es si la economía crece, porque realmente crece. La pregunta es para quién crece, en qué actividades y con qué rezago llega —si es que llega— al ingreso de quien compra pan, paga el alquiler del local y decide si abre o cierra el próximo mes. Hasta que esa brecha se estreche, el país seguirá celebrando el IMAE en un comunicado y lamentando la baja demanda en las esquinas y sillas plásticas de colmadones.
Nota del autor. Este artículo se apoya en los comunicados del IMAE e IPC del Banco Central de la República Dominicana, en el Informe de la Economía Dominicana del primer trimestre de 2026 y en reportes públicos de gremios comerciales y del sector de Bares y Restaurantes.











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