En el contexto de la inteligencia política aplicada a las aspiraciones a la Presidencia de la República Dominicana, son pocos los dirigentes de los distintos partidos del sistema que podrían debatir de igual a igual con el doctor Guido Gómez Mazara. Entre ellos se encuentra el expresidente Leonel Fernández Reyna. Sin embargo, incluso al presidente de la Fuerza del Pueblo podría resultarle trabajoso enfrascarse en una polémica pública con el actual presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL).
Pienso que un debate de carácter ideológico entre Guido y Leonel resultaría más educativo e intelectualmente menos frustrante que el escenificado entre el sacerdote Lautico García y el profesor Juan Bosch el 17 de diciembre de 1962. Por lo menos, sería más entretenido en el contexto de un mundo cantinflesco, en el que la intelectualidad, auxiliada por el teleprónter, ha sustituido la pureza de una oratoria memorable, hermosa y sin evasivas, como la que, en labios del político y escritor español don Emilio Castelar, dejaba boquiabierto al público más ilustrado.
En países con niveles de educación y desarrollo socioeconómico relativamente bajos, como la República Dominicana, la capacidad intelectual no puede considerarse un factor determinante en el ámbito electoral. Gómez Mazara es, sin duda, un excelente polemista. Su extensa trayectoria de activismo político lo faculta para abordar los temas más variados y espinosos, tanto nacionales como internacionales. Además, conoce bien el comportamiento de las distintas variables sociológicas y emocionales que, históricamente, han influido en la decisión de los votantes.
Me pregunto si esos conocimientos y capacidades le otorgarían a Guido la posibilidad de ganar las elecciones presidenciales de 2028 por encima de sus competidores más aguerridos, dentro o fuera del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Creo que la posibilidad de llegar a la Presidencia obliga a analizar a Gómez Mazara desde una perspectiva más amplia que la de su discurso político tradicional.
Sus opositores, dentro y fuera del PRM, han pretendido encapsularlo, de manera soterrada, dentro de las ideas políticas de izquierda de su padre. Han ido incluso más lejos en su predisposición contra el presidente del Consejo Directivo del INDOTEL y exconsultor jurídico del Poder Ejecutivo durante el gobierno de Hipólito Mejía.
En sus ofuscados y viciosos alegatos contra las aspiraciones presidenciales de Guido Gómez Mazara, han pretendido insinuar, de manera aviesa y ruin, que detrás de su deseo de llegar a la Presidencia del país estaría la intención de vengar, desde el poder, el asesinato de su padre y actuar contra quienes planificaron y ejecutaron aquel hecho criminal y político.
Sin embargo, semejante insinuación no resiste un análisis serio. La trayectoria pública de Guido Gómez Mazara debe ser examinada a partir de sus propias ideas, de su experiencia política, de su capacidad de gestión y de su visión de Estado, no mediante la herencia ideológica o la tragedia familiar que marcó su vida.
El debate sobre sus posibilidades presidenciales debería centrarse, por tanto, en sus propuestas, su capacidad para interpretar la realidad nacional y su aptitud para construir una mayoría electoral. La política contemporánea exige algo más que habilidad retórica: demanda credibilidad, organización, sensibilidad social y una propuesta capaz de conectar con las necesidades concretas de la población.
En ese sentido, Guido Gómez Mazara posee fortalezas evidentes. Es un político experimentado, con dominio del debate público y capacidad para defender sus posiciones con firmeza. No obstante, también tendría que demostrar que puede trascender el espacio de la polémica y convertirse en una opción capaz de generar confianza en sectores sociales diversos.
La Presidencia de la República no se conquista únicamente con inteligencia, memoria política o agudeza discursiva. Requiere, además, una visión incluyente, disciplina organizativa, capacidad de concertación y un proyecto nacional que pueda ser comprendido y asumido por la mayoría de los ciudadanos.
Por ello, más que juzgar a Guido Gómez Mazara por su ascendencia familiar o por las interpretaciones interesadas de sus adversarios, convendría evaluar con objetividad sus ideas, su trayectoria y su capacidad para responder a los grandes desafíos de la República Dominicana. Solo así podrá determinarse si sus aspiraciones presidenciales constituyen una posibilidad real o si se limitan a una expresión más del debate político nacional.











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